martes, 31 de julio de 2007

Vibraciones del Confort


El viernes pasado en el Tío Bizarro, reducto acogedor y ambivalente (de día pizzería, de noche local bailable), la agrupación Travesti dio un show corto y afectuoso. Así demostraron una vez más, que la neurosis gélida que conlleva toda persona alienada del siglo XXI, puede ser curada a través de la misma música.

El Tío Bizarro, lugar que podría considerarse un símil suburbano del capitalino Salón Pueyrredón, con la diferencia de que no hay que abonar por la entrada, el precio de las bebidas es ostensiblemente más barato y los Djs no caen en el cliché básico de siempre, permitiendo en el concurrente una despliegue más festivo de sus hormonas y una estimulación audiovisual, más relajada y espontánea, sin estar pendiente del fantasma “castrense” del precio de la entrada o consumición que repliega cada día más, la otrora festiva noche porteña.
Travesti, hijo pródigo del famoso triángulo musical “Temperley-Adrogué-Turdera” que desde hace casi veinte años alimenta con soplos de aire fresco al rock argentino, se nutre de todo ese mundo dual que rodea dichos suburbios. Así entre la opresión fabril y el colorido de casas inglesas, entre los trenes desechos y los “New-Richs”, entre la frivolidad insidiosa y el alarido de cambio, se edifica su arte, la cuál conlleva numerosas veces, en sus presentaciones en vivo, el estado de ánimo que el contexto amerita. De esta manera, estando en sus pagos, expuestos a estímulos conocidos y aprovechando su tendencia a deformar las versiones grabadas en eps o albúms, toda esa hipnosis gélida, se vuelve (sin perder su poder seductor), afectuosa y tropical.
El show abre con una potente versión de “Juventud Residual”. Aprovechando que en esta ocasión tuvieron un integrante colaborando con los colchones de sintetizadores, (sumado al ocasional colaborador en bajo en ciertas canciones), Alejandro Torres dispuso de una mayor soltura para poder acentuar los arreglos de teclado, sin que se pierda el magnetismo envolvente de la guitarra de su líder y cantante Floxon.
Le sigue la abrasiva, “The Face”, cuya combustión de composición parece ser un terreno baldío donde abunda todo tipo de flora tóxica.
Luego de este tema, se produce justamente lo mencionado anteriormente. En este contexto familiar “IloveRollingstones”, ( éxtasis sonoro de más de 10 minutos sin meta o destino final aparente), la envoltura caótica de su música hace metamorfosis en una especie de ritmo carioca psicodélico y tropical, como si fuera una especie de respuesta frente a la vibra febril y entusiasta de los espectadores. Caras conocidas, “gente del palo” como dice la yerga, personas con la cuál comulgaron diferentes tipos de experiencias en la vida misma, más allá de la música.
El público ya alentado por alcohol y otras “yerbas”, se empieza a encender cada vez más y los “travas”, captando esto, se despachan con quizá esos temas en que la seducción de la melodía y la letra misma confluyen de manera heroica, así llega “Poder Florecer”.
Intimista y bailable, como dice la letra “extasiarte sin bailar, excitarme estudiando”, y la imagen mental de los espectadores, se posa en el escozor y la algarabía, de esos momentos en que nos acordamos porque fuimos felices de a dos, con alguna fiel compañera, sin importar el lugar, solo el florecimiento de algo profundo, comúnmente llamado amor.
El recital continúa le sigue la neurótica “Filo Perverso” y la explosiva “Bloody Marie”, donde se nota, la influencia “Jesús Manchesteriana” de sus comienzos.
Continúan con “Efedrina”, para cerrar de vuelta en una atmósfera cálida y agradable, con “Vibraciones del Confort”.
El confort y la música de “ascensor” edulcoro como somnífero perfecto los oídos de toda una generación aletargada por la tecnología, que fue sutilmente adormecida y que lentamente comienza a despertarse. Sin utopías febriles ni mesiánicas, Travesti a través de la vibra de su música marca un camino singular, donde la música adquiere un nivel de seducción que empalaga y nutre los oídos pero a la vez, nos ofrece todo un mundo, donde cualquier tipo de “neurosis border”, que diariamente nos aliena, es reemplaza por el cálido afecto de su música, depositándonos en un estado soporífero que abraza por momentos un ideal platónico, al cuál la música y el mismo rock, jamás deben dejar de perseguir.

Bernardo Damián DimanMenendez

martes, 17 de julio de 2007

"Swing de Michael, punch de Mike"




“Ama tu Ritmo” de Michael Mike editado hace días, constituye el primer LP oficial de la agrupación capitalina, en donde se muestra un mundo personal, que recupera la frescura de la tan mentada “alterlatinidad” de mediados de los 90’ intercalando elementos del regio rock (movimiento musical anclado en la ciudad mexicana de Monterrey y que sirvió de plataforma para bandas eclécticas como Control Machete, Plastilina Mosh, hasta llegar a Kinky), que son adornados por sonidos bailables de break beat neoyorquino de principios de los 80’ (Grandmaster Flash and The Furious Five ) y de Old Dance (popularmente llamado “tecno-house”, movimiento que encabezaron a principios de los 90’, Tecnotronic y 2 Unlimited).
Formados en el año 2004, predomina en sus canciones un lenguaje musical ecléctico sustentado en la versatilidad instrumental con la que se manejan los integrantes de la agrupación y un hedonismo lírico que se encuentra entre la ambivalencia de la nocturnidad febril y la melancolía diaria, ofreciendo un universo propio en dónde el “clubber” solemne y auto-indulgente de fin de siglo, adopta códigos más humanos, superada la deslumbración de pistas y pastillas; aceptándose este como simple ser humano, no exento de abulia y desidia y tomando como escudo frente a eso, la patriada de poder enamorarse sin temor a la vergüenza. En síntesis “Ama tu ritmo”, como metáfora del famoso slogan de apoyo moral que dice “Queréte a vos mismo, sin importar lo demás.”
En este mundo musical naturalmente ecléctico, tanto música como líricas describen personajes y situaciones que tiñen un paisaje que mezcla la siembra hormonal pulsional adolescente y los sueños posmo de amor frustrados urbanos. De este modo tenemos elementos de la avanzada regia como “Rojo+ que Negro” destacando los arpegios de guitarra y los sonidos explosivos de sintetizadores y teclados, o “A Bailar Horror”, donde el eclecticismo del famoso rock regio mexicano se hace presente. Iniciando un juego entre break-beats de teclados y guitarras que se van acomodando según, vaya variando la melodía de la canción, y destacándose en el medio del tema un original “ambient old dance”, que sirve como intermezzo, para la explosión musical del final.
Casi como un jingle de presentación musical de la banda asoma “Gente Preciosa” mostrando una cierta influencia del break-dance del Nueva York de los primeros 80’ . Dicho tema quizá sea el que resuma la levantada de bandera mas hedonista de la banda. Cockatil de swing y apología narcótica, como un si fuera un Grand Prix, donde en el auto-stop, solo se cargan sustancias non-sanctas, y la meta de llegada encuentra a más de uno arrastrado por ahí.
Uno de los puntos más altos del disco se encuentre en “Sara”. Abrasivo e hipnótico por momentos en su musicalidad, y con una letra que recupera el lenguaje terrestre posmoderno, que hace del grotesco surrealista su fuente de inspiración y que allá, por los 90’, Babasónicos o Iria Kuriaky, supieron expresar de manera acertada (escuchar la parte que dice “Pude ser un grano hermana en el Sahara, así como un grano en la piel de Sara” ), luego el estribillo y el cierre musical que busca algún paisaje mexicano, de esos donde abundan los burlesques de mala muerte y los happy-hour, ofrecen solamente dos peyotes al precio de uno.
Habituados a un mundo frenético donde la vivencia de hoy hace añicos cualquier historia del ayer, asoman así, en la nocturnidad esos personajes que parecen ser invención de un Dali en estado de ebriedad letal. Así parece enfocar la temática de unos de los temas más bailables del disco, “Charly Border”. De inicio dance, hasta llegar al riff de bajo, para luego pasar a una fecunda musicalidad en donde el supuesto “Carlos neurotico”, siempre tiene alguna niñata bajo el brazo, para enseñarle que el cuatro no siempre es algo meramente numérico. El rastro de “chongofilia rap-hop” le corresponde a temas como “El Amante Latino”. Pequeña muestra del tropo latino kamizake en busca de carne femenina, decorado por notables arreglos en guitarra y tóxicos efectos de voces.
El día como momento de reflexión y pausa frente a la velocidad de la noche, angustia y melancolía, entre tantas sandías podridas, el eco del amor que retumba todavía en las sienes. Así entendiendo la luz diaria, como contexto de eteridad rota, Michael Mike demuestra también saber hilar fino en el tema de la canción seductora y agradable a los oídos tal es el caso, de “Cuestión de Egos” recuerdo de la impotencia, la flor arrancada de cuajo, el amor marchito, el día y su cruda realidad oponiéndose a toda la festiva nocturnidad.
Si vamos unos cuántos años atrás, y recordamos todo ese desparpajo multiculturalista, grotesco, y colorido que ofreció un mundo personal y a la vez, una escena musical fresca y representativa de nuevas ideas hacia mediados de los 90’, para finalmente quedar sepultada por una supuesta levantada de bandera en la cuál todo dejo de ironía, sensibilidad, experimentación, grotesco o ridículo estaban lejos de ser considerado rock Creyendo a la vez, en forma castrense, que la experiencia de la música debía ir hacia una supuesta serialidad, donde la bravuconada, la misoginia y la prepotencia con el eje moral de saberse sabio por estar en la esquina de un barrio, achato y pauperizó al rock argentino durante años.
Michael Mike agraciadamente se opone a esto sabiéndose poseedores de un lenguaje musical en donde la vergüenza o el ridículo de la misma experiencia son catalizados sin pudor a través de la música, con la convicción y el aplomo que la misma se merece. Sin tipologías, ni cuasimodos filosóficos, creyendo que la magia no tiene lugar ni contexto común, encontrándose tal vez como cantan los Michael en “I Belive”, en la ciudad y en el amor, en el Sahara y Carlos Paz, en ella y vos, en el Rococo y el Rocktambor, en la alegría y también la satisfacción.


Bernardo Damián DimanMenendez

martes, 3 de julio de 2007

Viaje infinito, hacia la utopía del rock

El pasado viernes en Niceto Club, se presento la banda platense, El Mato a un Policía Motorizado. En un viaje magnético y futurista, demostraron a través de su corto pero abrasivo repertorio, porque hay momentos en el que el rock pareciera encontrarse en un tiempo y contexto mágico y singular.

Niceto Vega, quizá la “Jungla dancer”, que más tipo de especies nocturnas puede reunir, (desde los abonados vitalicios al “Club Atlético Pastero”, anglófilos,(con sus respectivas variaciones, “lánguidos”, “gronchófilos”, “brit-conchetas”, pos-alternos,) hasta los rugbiers casuales ( siempre de obligado “Elegante Bensimon”). El lugar se encuentra decorado por una predecible estética de “Soho palermitano”, donde la vanguardia estética del aposento, pasa más por los mensajes subliminales de los carteles publicitarios (se puede apreciar si uno mira de pasada unas luces violetas, como se le forma en la retina por unos segundos una conocida marca de cigarrillos), que por la arquitectura edilicia.
Alrededor de 400 personas, esperan ansiosos el show de El Mato a Un Policía Motorizado, una banda que a través de su sonido crudo que revisiona de manera acertada elementos un tanto olvidados por el rock argentino, conllevando una frescura en la manera de expresarlos que hace que el oyente se sienta por momentos en un viaje donde las hormonas parecen seguir el rumbo del éxtasis más perturbador sin un horizonte previsible, solo victoreando, la celebración de percibir una especie de emoción primal, que se retroalimenta a través de sonidos, que dan a entender que se trata de música.
3:AM:: “El mato”, comienza su show, con una virtual escenografía, en donde predominan las luces verdes fluorescentes, que a veces se metamorfosean en colores espejados. Arriba del escenario, se encuentra una pantalla, donde se proyecta una especie de viaje frenético e interminable por la carretera, que quizá sirva como metáfora, del concepto de la música de “El mato” (un viaje infinito y desesperado, hacia la esencia misma del rock, entendido como un lugar útópico dónde supuestamente la música nos purgara de toda angustia terrenal).
Así empieza el show con la hitera “Sábado”, y le sigue “Chica Rutera” (con ese torbellino “kraut”, que emana de su estribillo y que se intensifica al final del tema). El público aplaude, y se prepara para quizá, uno de esos momentos que podrían considerarse “epifánicos”(a posteriori de los años),en la historia del rock. El bajo (Santiago Motorizado), y la batería (Doctora Muerte), marcan el comienzo de “Navidad en los Santos”, para que más tarde y en forma explosiva se sumen las dos guitarras (Niño Elefante y Pantro Puto) y acá es cuando parece que las cosas no pasan porque si, sino quién o quienes realmente las buscan. Escuchar ese hipnótico comienzo hasta las fogosas guitarras, es como volver a comulgar la olvidada unión de público y banda como si fueran un solo cuerpo. Traspolable temporalmente a la líbido derramada por quiénes hayan escuchado a Los Gatos en la Cueva, por los que se encontraban sentados en un mesa del Epstein mientras Sumo garabateaba música o para los que bailaban al compás de los Babasónicos, hacia principios de los 90’ en Die Shule,(personalmente no sentía esa sensación desde que vi por primera vez con 17 años, a los Demonios de Tasmania, hacia el año 96, en Dr Jeckyll, recreando su luego con los años, inoxidable “Modelo” 96.). Catalizador de momentos únicos, el público se pierde en un viaje interior hacia las profundidades del inconsciente para luego saltar frenéticamente en el impecable estribillo de la canción (aceleradamente preciso, para no perder, la melodía densa del inicio de la canción). Seguida de esta, “El Mato” pisa el acelerador, y se despacha con “Viejo Ebrio y Perdido”, “El héroe de la Navidad”, para recién bajar un par de “cambios”, con la melancólica “Vienen Bajando”. Rápidamente el ambiente vuelve a agitarse con ese pequeño homenaje a Pavement que es “Amigo Piedra”, (celebración del auto-exihilio, como forma de reinventarse a uno mismo y olvidar el agnosticismo del presente), para terminar a cientos de km por hora con las incandescentes “Tormenta Roja” y “Prenderte Fuego”.
Así se despide “El mato”, con Santiago Motorizado tirado en el piso, mientras el bajo es tocado por un desconocido, y el “noise” final de las guitarras, es acompañado a todo trapo por la batería. Culmina la presentación de una banda que tiene como máximo “leiv-motiv” de su obra, la composición de canciones que apuntan a marcar un estado de animo de época y al mismo tiempo a transgredirlo generando un concepto de rock que podría denominarse “nueva vida”, tanto para la misma escena musical como para el mundo representacional que la integra.“Lánguidos”, “gronchofilos”, “drogui-dancers”, y demás especies, lo festejan.

Bernardo Damián DimanMenendez

domingo, 24 de junio de 2007

La Nueva Opereta Porteña




El pasado viernes 15 de junio, la agrupación capitalina Mataplantas, se presento en el Centro Cultural Floreal Gorini, buscando recrear en forma ordenada y conceptual su último disco “Hickie”. El show mostró el crecimiento de una banda, que a través de un decorado “tropical” y kitsch a la vez, logró reflejar la melancolía y sátira que caracterizan a su última placa editada.

El pequeño teatro con plateas ascendentes y sillas de plástico sobre sus laterales, aparece ambientado como en una especie de paraíso tropical e intimista, (palmeras decoradas por veladores y conejos de plásticos). Este era el marco para que Mataplantas desarrolle su último disco, tal como fue fueron grabados lo temas, con el objetivo de recrear en vivo, las distintas sensaciones ambivalentes que transmiten sus canciones a lo largo de “Hickie”.
Surgidos bajo el nombre de Bárbara Feldon, y luego de replantearse ciertas cuestiones de relevancia artística, cambiaron su nombre por Mataplantas hacia fines del 2004 para editar al año siguiente su primera placa, “El sueño del Hombre Pulpo” y terminar de dar un importante salto hacia delante con “Hickie” (2006).
El universo musical que plantea Mataplantas, esta lejos como dicen muchos de recrear una especie de “Music Hall Indie”. Su planteo musical esta más cerca de la Opereta (género musical de asunto ligero y carácter alegre practicado mucho a fines del siglo XIX), debido a la efectividad y simplicidad de su obra, que acentúan la sensatez y el vigor espiritual de la misma.
A las 12 de la noche, los veladores se prenden y el show comienza, con “El ilusionista”, un tema que comienza en forma de tranquila balada, (narrando las supuestas vivencias que hacen a los circos rodantes y varietés), seguida estribillo “beat”, para luego perderse casi de manera amenamente cósmica entre los arpegios de guitarra y arreglos de voces que sirven como puente para el próximo tema. “La gente que no aplaude, que es la gente de Capital”, como menciona Pablo De Caro en su tema, acertadamente y sin dejo de ironía comienza a batir sus palmas. Le sigue, ”Swing Lobo in Puerto Rico”, tema marcadamente ecléctico que comienza con un notable fraseo de bajo (Maxi García) y los arreglos triádicos en guitarra (Pablo Malaurie), y luego de la explosión que ocurre en el medio de la canción, cierra con un final en clave “funky-rapper”. Mataplantas, de a poco nos va adentrando cada vez más en su universo “Hickie” (que más que una palabra o concepto, está más próximo de ser una especie de caballito histriónico y combativo artístico de la banda), así suena la pegadiza “El Apocalipsis”, mostrando como las influencias ago-ago, de sus inicios son trabajadas de una manera mucho más acertada y fresca, logrando que la misma melodía “beat”, adquiera una intensidad, que lleve su música a una especie de “Hard-ago-ago”, con guitarras que se cruzan y rápidos riffs, que son aprovechados precisamente por la melodía de la voz. Toda opereta tiene su dosis de sátira y el hit “Vestida Para matar”, (describiendo la “vuelta a las canchas de una cuarentona de largo andar”), intensifica esa especie de “hard ago-go”, que da paso al delirio del público que se mueve al compás de la música. Luego de subir el clímax del show, le siguen el vodeville “Las hijas del Mendigo del circo”, y el rock “al palo”, “Electric Conga”. Así pasan a cerrar esta primera parte del show, (sin vociferar una sola palabra al público y utilizando para realzar el concepto artístico de “Hickie”, (y lo que el mismo conlleva,) la música y el decorado como único “modus operandi” de expresión, con el pegadizo “Hickie from Kenickie”, tema donde acertadamente se vuelve a repetir esa fórmula tan personal y elogiable, de “hard ago-go”. Mataplantas nos muestra, la parte más catártica de su pequeña opereta, y en esta segunda fase del show, va a enfocar su música hacia un lado más introspectivo, pero no en forma solemne ya que descuidaría la frescura del concepto de “Hickie”, sino sugestivamente delicado y teniendo como meta la canción que seduce los oídos en cuestión de segundos. La caja de ritmos, le da pie a la acertada batería (Nazareno Gil) y los arpegios de guitarra, “para que los magos y reinas”, que canto De Caro, le den forma a “Locurita”, un tema que busca el dial de composición, en la frecuencia de “Spinetta Jade”. Le siguen la foxtrot “El gran Django”, de inspirada melancólica melodía, para luego volver a subir el tono, con el rock crudo de “El Espantapájaros”. El show se acerca al final y comienza el tercer y último acto, de un enfoque marcadamente más crudo y acelerado. Mataplantas, sube aún más la apuesta y a pura descarga hormonal, a través de sus instrumentos, le pone calor con ese torbellino de rockabilly que es “6:am,” para luego continuar en el mismo tono con la densa y abrasiva “Trompada”, mientras un “proto-Jazzy Mel”, rapea espasmódicamente con su cuerpo el ritmo de la música emanada. Con el público completamente encendido, y con el mencionado “Proto-rapper”, vociferando a través de un megáfono “Recuperando el Control”, da comienzo ese notable intento de mezclar “funk” con “rockabilly” que es “Control”. Al mismo tiempo las pompas de jabón, vuelven a inundar al escenario y al público, para que la dosis de algarabía sea aun mayor. Previo resbalón por el escenario enjabonado debido a las pompas de Pablo de Caro, (afortunadamente sin consecuencia alguna), el show prepara su última sorpresa pictórica. Como de la nada se escucha un sonido de Hammond, pero que no proviene del escenario, sino de uno de sus laterales, así el ambiente producto del sonido que el instrumento emana, crea por unos minutos un clima hipnótico, para que luego los Mataplantas, vuelvan al escenario y sellen su opereta con la playera canción durante su primera etapa “Nanofaradio 6 gotas”, para luego lentamente ir dejando cada uno el escenario, y transcurridos unos segundos vuelva Pablo Maulieri, y el solo con la guitarra, (e intimismo acústico mediante), concluya el tema.
Mataplantas termina la recreación de su disco y del particular universo musical que lo envuelve, dirigen al público sus primeras palabras, y como “bonus”, tocan dos temas de “El sueño del hombre pulpo”, para finalmente cerrar el show en la fría madrugada del viernes. El gélido aire vuelve a golpear los rostros de los concurrentes una vez afuera, pero la mayoría de ellos siente en su inconsciente la certeza de haber observado una banda, (que contrariando su nombre), ha “germinado” con su semilla, el campo nuevamente fértil del under argentino,(nuevamente florecido gracias al aporte de “El Mato a un Policía Motorizado”, “Travesti”, Michael Mike, entre otros), apostando simplemente a la revitalización de la misma canción pop, a través de un universo artístico personal y kistch a la vez, pero teniendo la justeza necesaria para no caer en el barroquismo mesiánico ni en el previsible “naif” musical, sino todo lo contrario, demostrando una frescura y vitalidad, que hacen de su obra, una marcada apuesta a favor del arte más valorable y decoroso, ese mismo, que transmite garra y pasión, (el que en suma), sale desde bien profundo del corazón.

Bernardo Damián DimanMenendez

domingo, 17 de junio de 2007

Ciclo en el Rojas: Victoria, de Paseo



El pasado viernes 15 de Junio, la agrupación bonaerense Victoria Mil se presento en el Centro Cultural Rojas demostrando sus dotes de estetas de la canción pop, y logrando hacer de la abulia y desidia posmoderna sus principales instrumentos, en la composición de su obra.

El marco del Centro Cultural Rojas, con su estructura de anfiteatro cerrado con asientos, produce en el asiduo concurrente a recitales o eventos de música, una metamorfosis en su compostura. Así dispone a éstos, a una postura más relajada, y los enfoca en una “performer” más de escucha, (producto del menor contacto entre los cuerpos de los oyentes que se da al estar parados y amontonados), y al encontrarse cómodamente sentados, pareciera que en lugar de ver una banda estuvieran observando un “film para los oídos”.
Victoria Mil, con más de 10 años de trayectoria artística, y luego de 6 discos editados (dos como Victoria Abril y 4 como Victoria Mil), se constituye hoy en día, como una de las bandas que con mayor altura ha logrado pasar de la transición sónica en la que se inscribió durante los 90’, hacia una obra marcadamente personal, logrando de este modo, que en la mayoría de sus canciones se conforme un universo particular, a través de sus letras y a partir de los efectos de guitarra, samplers, moogs, que son acompañados por la (“yunkie” y grave a la vez), voz de Miguel Castro.
El show abre con “Bien equivocado”, en dónde el “Up, Up”, que repite Miguel Castro, le da paso a la juguetona guitarra de Julian Della Paolera, mientras la base del tema se hace explosiva a través del dueto de batería y bajo (Leonardo Santos y Sebastián Velásquez respectivamente) El tema muestra la quintaesencia de los Victoria Mil, temas en dónde la musicalidad que emanan de sus instrumentos, son decorados por el particular uso del “slang” (que en castellano sería el sinónimo de “argot”, el cuál es un lenguaje sumamente informal que usualmente es más hablado que escrito, y utilizado por grupos particulares de personas, como por ejemplo, los “rockers” británicos, desde los Beatles hasta el presente y en el plano del rock autóctono desde Los Gatos hasta los mismos Victoria ), que se enfoca a buscar el sentido de sus letras, a partir de la aparición súbita de antónimos a las palabras que va expresando (“Estoy bien, bien, bien, bien, bien equivocado”), mientras el tema cierra a través de finos punteos de Moog y rasposos acordes de guitarra. Le siguen la histriónica, “Andi”, (destacando el final del tema dónde el funky se mezcla con una especie de Krautrock especial), reflejando en la letra la paranoia que surge en las relaciones tortuosas, y dejando entrever una cierta desesperación del bonaerense que se inmiscuye con una mujer de la “crema palermitana”. Este “film-show” musicalizado en vivo, continúa y los Victoria Mil despachan las mejores bombas de su arsenal musical, (sobre todo de su disco “Armas” (2001), en dónde terminan de definir su patrón melódico de composición y “Este Cielo de Estrellas Caerá” (2003), su disco más personal y confesional, en lo que refiere a musicalidad y letras). Así repasan, todos los clichés que recorren la mente del joven del siglo XXI, y que a la vez, hacen de auxiliares en la composición de su arte. La explosiva “G-13” ( especie de confesional amor narcótico, con un uso particular de los “loops” de batería y en especial de los efectos de guitarra), “Consejos de arriba”, (donde el yeite de guitarra y el “tapping” de bajo, le dan marco a las visiones de un adicto arrepentido), “Si ibas lejos” (notable armado del puente de la canción, que permite que las guitarras se disparen potentemente), “Acá esta todo mal”,entre otros. En estos dos últimos temas, el “slang” de Miguel, actúa inteligentemente por redundancia de significado, (“Si Ibas lejos, era lejos”, o “Amor triturado, me triture de amor”),como intentando acrecentar el concepto o idea del tema, y logrando que los cortes vocales, no sean tan abruptos como ocurre en muchos de las bandas de pop actual. A continuación, se lanzan, con la impecable “No nos” (“shoegazer” pleno de la guitarra) y la reivindicación de un manifiesto atemporal de la juventud: “queremos vivir hoy porque no nos importa el mañana”, canta Miguel Castro.
El show promedia la hora, y este film musicalizado en vivo, esta llegando a su final, así pasa la explosiva “Ying Yang” (precisa y exacta mirada irónica sobre los “drogui dancer” de los tiempos actuales), y la nueva “El Oro” (“pepita” musical a ser valuada en el próximo álbum).
Así cierra la película de Victoria Mil en el Rojas, una banda que para muchos se encuentra ante la dicotomía de terminar “aggiornándose” en patrones de composición más digeribles y standarizados, o seguir en el pleno viaje de su arte, pero que por sobre todo esto, antepone un mundo particular de entender la música y así ofrecer al oyente (a través de sus canciones), la posibilidad de saberse situado en la “ambivalencia” del mundo posmoderno, con las ventajas y dolores que esto conlleva.
Bernardo Damián DimanMenendez

jueves, 14 de junio de 2007

La Misa Negra de las 4:00 AM



El viernes 8 de junio, la agrupación bonaerense Travesti se presento junto con Coco y Placer. En el marco del show brindado, se pudo observar como “los Travestis” se constituyen desde hace largo tiempo como una de las mejores bandas del under nacional, a partir de un manejo de elementos simbólicos de la cultura rock, que hacen
de sus shows una especie de “liturgia de la música”, a través de una original performance que lleva a la conmoción emocional, en dónde el principal beneficiado es el mismo rock.

La fría humedad se hacía más intensa dentro del sótano ubicado en la calle Estados Unidos al 200, y mientras el reloj marcaba que ya buena parte de la noche había transcurrido, los concurrentes matizaban la espera del plato principal de la noche, decorando el lugar con una densa niebla de humo de cigarrillo y vapores etílicos.
Luego de las correctas presentaciones de Coco, (un trío que mezcla influencias del movimiento denominado “rock divertido”, encabezado en los 80’, por Los Twist y Viudas e hijas de Roque Enroll, con el “low-fi” ameno de Suarez, sobretodo el que se encuentra en sus discos “Hora de no Ver” (1994) y “Horrible” (1995)) y de Placer (grupo que traslada su indiosincracia de vida a su música, creando una especie de género musical que podría denominarse “Rock Abatido”), salió a escena el dueto encabezado por “Floxon” en guitarra y secundado por Alejandro Torres en sintetizadores y teclados.
El líder de Travesti, toma en forma cansina su guitarra, y se para frente al público con un look que hace recordar, a los grandes héroes mitológicos del rock de fines de los 60’, superada ya estos su etapa dionisíaca y dando cuenta a través de un desprolijo pelo largo y rala barba, que el reviente de sexo, drogas y rock’n’roll, había estado con ellos. “Floxon”, no se deja ver como un estético cliché arcaico, sino que se readapta todo esa impronta y la mimetiza con un sonido más moderno, es como si de repente Jim Morrison o Brian Wilson, se encontrarían tocando al frente de Jesús and Mary Chain o Sonic Youth.
4:00 AM los golpes de sintetizador de Alejandro Torres, dan comienzo al ritual, a través del tema “Juventud Residual”, mientras “Floxon” empieza a narrar la desidia a la que esta sometida la juventud del siglo XXI, mezclando una ironía que lo para al borde del cinismo perfecto, todo matizado a través de las capas de sonido de su guitarra, y llevando al público a una especie de viaje denso e infinito, como si se encontrara en una procesión religiosa donde la misma música es el elemento a ser purgado. A continuación le sigue “Efedrina”, y Travesti comienza a jugar con la estructura misma de sus temas llevándolos a un extremo, que los hace casi irreconocibles por momentos, pero en dónde parecería que el caos catártico y alienante de su sonido, es el patrón que sirve como “modus operandi”, de sus presentaciones en vivo, retrotrayendo de una manera actualizada, conceptos olvidados de la cultura rock, como el “Happening” y con el objetivo de intentar lograr que el público, no se quede con el mero concepto o idea lograda en los temas grabados en sus albúms, sino por el contrario, que trate de ampliar la lectura de los mismos a partir de la catarata de sonidos que parece inundar a las canciones. Así la performance corporal e instrumental, tanto de Alejandro Torres y Floxon, se vuelve mitológica, y correspondiente al patrón sonoro de los temas, (de repente puede verse a Floxon caminar letárgicamente alrededor del amplificador logrando una especie de “noise” orgiástico), mientras Alejandro Torres termina tocando de manera particular sus sintetizadores, (realizando braceos aleatorios sobre las teclas como si estuviese tocando una guitarra en una banda de “soft metal” de los 80’.) La gente empieza a perder su timidez, y de a poco se empieza a expresar corporalmente a partir de la hipnosis causada por la música que emana del escenario. El ritual empieza a generar la exaltación en los fieles devotos y reconversión en aquellos aún primerizos.
El show continúa y “Floxon” irónicamente anuncia: “Para Jimi Page”, pues la obviedad y previsibilidad, es algo que por suerte escatima en Travesti. Así, da comienzo “I love Rolling Stone”, (un tema homenaje al fallecido fundador de los Rolling Stones, Brian Jones), a través de la guitarra de “Floxon”, que al principio toca los acordes de “Sing this all together”, un tema de los Stones que se encuentra en el disco “Sus Majestades Satánicas”(1967), y que quizá represente la quintaesencia maldita que los Rolling Stones supieron tener al principio de su carrera. Luego, el éxtasis sonoro de más de 10 minutos, en dónde, ya nada parece tener un significado concreto, ni los mismos músicos, ni la canción que esta sonando, ni el marco mismo que los contiene, solo importa la imagen acústica que se genera y que cada espectador puede apropiarla o recortarla a su manera, (como si estuviéramos en una película de David Lynch en dónde el no sentido forja el sentido mismo). El tema sigue sonando, solo falta que un momento aparezca Brian Jones caminando con una cerveza en mano, por el escenario (capaz paso y no lo vi). A esta le sigue, “Poder Florecer”, un oscuro “dance” intimista, pegadizo y melancólico a la vez, que sirve a la banda, para poder congratular al público a través de un ritmo que hace mover sus cuerpos, buscando la sensualidad en la desesperanza misma que narra su letra. El show acaricia su único punto de relax, antes de retomar la procesión anteriormente iniciada, como si fuera el beso engañoso y largamente deseado de alguna “femme-fatale”, que nos alegra por algunos segundos, para que minutos después nos vuelva a despertar a la realidad, al verla arropada entre un panal de hombres sedientos de ella.
Le sigue una versión implacable de “Cuidate”, en dónde, el colchón sonoro sirve como banda de sonido perfecta para narrar una historia de desamor, en dónde la palabra “cuidate”, solo sirve como trasfondo de la resignación del ser humano desorientado ante el ser deseado que se va. La procesión de los Travesti va llegando a su fin, mientras el público ya completamente absorto se prepara para saborear las “ostias” finales, del ritual al que ha asistido. A puro ritmo salvaje, suena el “Tecno-beat” deforme “The Face”, para finalmente cerrar el show con “Filo Perverso”, ese mismo filo que deposito Travesti en nuestras mentes y oídos, al estar del lado idóneo que debe corresponder a todo artista, el cuál es el lado salvaje. Ese mismo que lleva al artista a una búsqueda profunda y personal, logrando que todo patrón, forma o concepto reconocido, como método seguro del accionar humano quede a un lado, logrando que el artista en su proyección artística llegue a nuevas formas, creando de este modo un mundo nuevo y fresco, que revitaliza el espíritu de los oyentes.
La misa termina mientras Alejandro Torres,de manera ninfómana, pasa su teclado por todo su cuerpo, mientras “Floxon” absorto y con la mirada fija en un punto cualquiera del lugar, saca gotitas de cerveza de su vaso, y bendice a su público en el nombre del padre, del hijo y obviamente del rock. Amén.

Bernardo Damián DimanMenendez

domingo, 10 de junio de 2007

Adán sin Edén


Si todos los sueños e ideales estéticos y filosóficos, de repente chocan contra una pared, y lo onírico terrenal se transforma lentamente en el peor de los viajes, (fuera de toda vitalidad y frescura que emanaría un cuerpo joven,) el camino abordado por cuenta propia, sería una especie de auto-exilio de la misma realidad, que lo lleve a incursionar en el más profundo de los pantanos hediondos, para luego poder reinventarse o terminar abúlico en la misma cotidianidad de siempre, pero con el hecho de haber vivido la experiencia catártica de haber ido hacia el lado más oscuro de uno mismo.
“Axito”, editado en el 2003 constituye el primer LP de la agrupación bonaerense Travesti, luego de sus anteriores EP editados "Travesti" (2000), “Feedback” (2000) y “Rupestre” (2001).
La agrupación esta a cargo de Fernando Liendro (alias “Floxon”) y Alejandro Torres (alias “gauchito sónico”). El mismo nombre del disco juega con el uso fonético del lenguaje, en donde, si bien al pronunciar la palabra, esta suena similar a “éxito”, si hilamos mas fino y vamos más a fondo este “axito”, es una especie de auto-exilio realizado por “motus propio”, con el afán de recorrer todo aquello que se encuentre lejos de un resultado exitoso en su concepción final y sin esperar tampoco una buena acogida o algún tipo de resarcimiento, solo el mero hecho de exponer una obra meramente autárquica y de "anti-onírica" desolación.
Travesti, a través de un minimalismo en el uso de los sintetizadores, acordes de guitarra y baterías electrónicas logra que la sordidez más extrema, tenga una dosis profunda de intimismo agnóstico, cuyo sonido remonta a pasajes del Pink Floyd más denso y oscuro de “Ummamaguma” (editado en 1969), al “Amused to death” de Roger Waters editado en 1992, a la consciente anti-belleza en lo que respecta a la atonalidad de los acordes que remiten al Whitelight/whiteheat de los Velvet Underground editado en 1968 y al claustrofóbico cierre musical que Joy Division da a su obra en su disco “Closer” (1980).
El disco comienza con “Vacaciones en Israel”, en donde se continúa con el concepto del uso ambivalente de lenguaje, remontándonos al nombre que lleva el disco. Israel, la tierra mesiánica histórica de la cultura occidental, en dónde la expectación depositada en dicho lugar, culminaría con un futuro mejor y pleno, reinando en dichos lares, el amor y la paz. Los golpes de la batería electrónica y el sonido de teclado es acompañado por un juego de palabras, que hablan de una supuesta abducción, (aunque sin definir claramente si es por una mala ingesta de ácido o un mal viaje del inconsciente que tal vez en su sueños, solo puede extender la crudeza de la vida misma., hacia otro lugar o dimensión, (el o la cuál, aún no se sabe si es la tierra prometida o no). Los golpes de batería electrónica, y los acordes disonantes se unen para dar forma a “Juventud Residual”, uno de los temas más logrados del disco. Aquí se despeja claramente cuál es el rumbo de la abducción realizada y el panorama se empieza a volver turbio, con un malhumor e irritación, por la impotencia de no encontrarse en el lugar que le corresponde a la mente y el cuerpo joven y vital. En lo residual, va todo aquello que desechamos por no poder encontrarle otra opción, aparecen las imágenes del cabello dócil, transformado en prominente calva por la reacción seborreica, el odio como una forma de encontrar un destino propio, la intoxicación como única forma de socialización frente a la alineación y el saber de que se esta consciente y dolorosamente en el hábitat y tiempo equivocados. “ADN-A”, el tema que le sigue, nos sumerge más hondo aún. La teluridad propia del mal viaje, provoca la inversión de toda aquello que dan a lo vívido terrenal una dosis de placer, el ADN, la genética de lo adverso hecho presente, en dónde las aves caen de punta, en lugar de volar hacia la libertad, en dónde cada sonido que es escuchado, se transforma en una espina que va desangrando lentamente la integridad raquítica del mismo ser, el cuál intuye que aún resta mucho para poder avizorar algún horizonte más apacible. Como preanunciando el desierto de optimismo, aparece el cuarto tema del disco “Poltergeist”. Las macabras visiones del recorrido continúan y el miedo primal es encarnado definitivamente cuando no hay ninguna ley natural, ni tampoco uso o costumbre que logre explicar el fenómeno paranormal o extraño. El “Poltergeist”,hace añicos los saberes enciclopédicos o usos religiosos, y ya solo queda prepararse para poder tratar de caer de la mejor manera del abismo más profundo de uno mismo, frente a estas extrañas visiones, que son decoradas con penetrantes sonidos agudos y un clima que va “in-crescendo”, hacia lo peor. “Holocausto”, construida a través de colchones de sintetizadores en un plan agnóstico industrial, matizan un mundo en el cuál el nombre y apellido, de aquella “juventud divino tesoro”, se reduce al código policial, “Natalia-Natalia”. La pedagogía de vida es la televisión como una especie de mal formación en la materia gris de los jóvenes. Esta especie de quiste invisible alojado dentro de su inconsciente va desgastando lentamente, su motricidad original, transformándolos en zombies de la vida misma. Mientras tanto, un comando radioeléctrico de cualquier lugar de la provincia de Buenos Aires, es la orquesta principal de este “music-hall”, de la desidia urbana posmoderna. La turbulencia del lugar en que nos encontramos parados en este paseo no deseado, hace que solo podamos correr, sin mirar atrás, sabiendo que el solo hecho de pisar en el lugar equivocado, puede plantear el final mortal. Los arreglos de bateria electrónica, el “noise” contundente de guitarra, y los sonidos de los sintetizadores, nos hacen sentir en “The Face”, como si estuviéramos ya vacíos de expectativas, corriendo casi sin poder respirar por una ruta de oscuridad interminable “Lynchesca”,(referencia el director de cine David Lynch). Esta ruta solo puede ser transitada en forma desesperada y casi sin aliento, y sabiendo de antemano, que va a ser complicado encontrarle un significado que de contenido a todo esto, pero con la imagen acústica de miles de significantes acústicos, que nos remiten a un torbellino de sordidez y calamitud insondable. El miedo ha pasado, la oscuridad empieza a desaparecer lentamente, y la primera imagen agradable nos remite a lo que piensa nuestro primer impulso motor, luego de que terribles males han pasado por nuestra mente y cuerpo. Así ideamos de manera casi utópica, un paraíso terrenal, al lado de alguien que nos saque de toda este desaliño mental y desacertada existencia. Ella, la flor, nosotros la caja de ella. El “tecno-beat” deforme, (debido al uso de los contratiempos en las baterias electrónicas que se van cruzando lentamente, mientras son acompañados por el sonido constante de un teclado que remite a sonidos del “synth-pop” experimental de principios de los 80’ y la psicodelia de fines de los 60’), dan forma al tema “Adan-Eden”, el cuál resume de manera casi exacta en su título, el contenido de la canción. El “Adán”, (nombre que simboliza al hombre sucio, desprolijo o haraposo), busca el Edén (el paraíso terrenal perdido por el hombre), que solo puede conseguir “codo a codo” de la mujer que ama. Ese paraíso del Adán urbano “posmo”, reflejado en la satisfacción de tener pagas todas las cuentas hacia el día quince de cada mes, y en la transformación (debido al magro presupuesto económico), de la clásica salida a cenar en pareja, en la “cena delivery”. El octavo y último tema del disco inteligentemente no lleva nombre, pues sería casi una obvia desatención, no advertir que el viaje ha concluido, que la abducción ha llegado al final de su recorrido, y que todas las anteriores imágenes alienantes y desoladoras, ya solo son recuerdos, frente a la concreta realidad de las imágenes cotidianas y reconocibles que se posan nuevamente sobre nuestros ojos. Así concluye “Axito”, en dónde la catarsis de la misma experiencia, traducida en un mal viaje, se posa como una especie de lupa, para entender toda esa “mala bilis”, que recorre la interioridad de nuestro ser íntimo, y que a la vez, sirve como pócima “re-vivificante”, (ya sea para bien o para mal), advirtiéndonos de que hemos transitado por un camino áspero no planeado, y que en última instancia el sujeto sometido ha dicha experiencia, sabrá sacar sus propias conclusiones de haber caminado como un “border”, por un lugar no muy recomendado, pudiendo sacar provecho propio, ya sea, para bien o para mal, en dosis similares.

Bernardo Damián DimanMenendez