lunes, 28 de enero de 2008

Mieles y asperezas de un poeta salvaje: Segunda Parte


Una dosis de elegancia, antes del “alunizaje final”.


En abril del año 2000, Elliot Smith, saca “Figure 8”, quizá el disco más elegante, compacto y prolijo del cantautor. Graba en Abbey Road, y cuenta en la producción con la misma gente que venía colaborando desde Either/Or (Tom Rothrock y Rob Schnaf). En la tapa y contratapa, aparece la figura de E.S., vestido de manera prolija e informal, sin ningún elemento o gorro, que le de un aspecto “Gaunt” (demacrado), rodeado de un arco iris, que pareciera enmarcar la esencia de “cool-britania” musical, que domino el último lustro del siglo pasado. Más allá de denotar en las canciones la desilusión de un supuesto gran amor que no fue (escuchar “Pretty Mary K”), la propuesta musical no se va realizar mediante el resentimiento o abatimiento, sino en forma elegante, visualizando que lo que no fue, siempre funciona como obertura de nuevas experiencias. La letra de “Easy way out”, puede servir de síntesis de todo esto, “Got stuck on a side you know I never chose, But it's all about taking the easy way out for you, I suppose, There's no escape for you except in someone else, Although you've already disappeared within yourself, The invisible man who's always changing clothes, It's all about taking the easy way out for you, I suppose, Well I watch you making mistakes, I wish you luck, I really do”. (“Conseguí quedarme en un lado que sabes que nunca elegí, Pero todo está en tomar la salida fácil para ti, supongo yo, No hay escape para ti excepto en algún otro, Aunque has desaparecido con todo lo tuyo, El hombre invisible que está siempre cambiando de ropa, todo esta en tomar la salida fácil para ti, supongo yo, bueno yo veo que estas cometiendo errores, te deseo suerte, de verdad”. El nivel de composiciones del disco es altísimo, logrando que el uso del multi-tracking vocal permita que la voz y sus armonías se adecuen puntillosamente a la instrumentación (ya sea pianos, cuerdas, guitarras), la cuál funciona como opereta, de las cuerdas vocales de E.S. Entonces el simbolismo del arco iris británico cobra sentido a través de las canciones que parecen seguir el catálogo de canción edulcorante y de fácil llegada iniciada en los 60’ por los Beatles y los Zombies y reactualizada con el tiempo, a través de bandas como Teenage FanClub.
De lúcido aspecto en público, y pese a una intensa gira promocional, el disco solo alcanza el puesto 99 entre los más vendidos, la aparente calma y aceptación consigo mismo que para ofrecer Figure 8, era solo eso, aparente.
Entrado el 2001, Elliot Smith inicia un “degradee” de su persona, que cumple con todos los requisitos para la sacralización del músico de rock, (dionisismo mediante) iniciado durante los años 60’. Así inicia una ruptura con la realidad circudante, que lo rodea de manera fulminante. Rompe con su manager, y antiguos productores. La recaída en la heroína, lo lleva a probar numerosos tipos de rehabilitación sin resultado alguno. En los conciertos, se suele olvidar a menudo los temas o las letras, y provoca la tristeza y desconcierto de sus fanáticos. Solo, roto, y sin la contención de la música, se vuelve lentamente paranoide y rehacio a todo afecto. La tragedia shakesperiana es cuestión de tiempo. Así, el 24 de Octubre del 2003, luego de apuñalarse en el pecho, E.S. acabo con su vida, convirtiendo en hecho fáctico el mito de leyenda que siempre pareció recortar de su figura y música.
Un año después se edita “From The Bassement on the Hill”, uno de esos discos en los cuáles parece notarse una inminente “alunización” del artista para escaparle a la tragedia terrenal (similar al que se denota en el “Closer” de Joy División, en “Barret” de Syd Barrett, o el “Pink Moon” de Nick Drake).
El disco suena contusivo y visceral, adredemente desprolijo, y cargado de una dramaturgia que pide clemencia frente al inminente final. Ya no hay “toreo”, “ni purgación”, ni siquiera añoranza o desesperación romántica, solo un enorme hiato de vacío sentimental, imposible de llenar y que una vez aceptado seca lentamente el alma.
La tapa es un claro reflejo de ello, con una foto que muestra su aspecto descuidado de los últimos años y en la parte trasera una ilustración de una casa negra rodeada de pingüinos y avestruces, como símbolo de que es hora de reposar y detenerse, cansado ya de tanto trajinar.
Los intermezzos musicales que decoran gran parte del disco, suenan según la ocasión a preludio fúnebre, a hibridación de nuevas formas de vida, o simplemente a caos mental. La síntesis clara esta en la conmovedora “King’s Crossing”,: “The king's crossing was the main attraction, Dominoes falling in a chain reaction, A scraping subject ruled by fear, Told me whiskey works better than beer, The judge is on vinyl, decisions are final, And nobody gets a reprieve, And every wave is tidal - if you hang around , You're going to get wet”, (La travesía del rey era la atracción principal, Fichas que bajan en una reacción en cadena, Un tema que raspaba gobernó por miedo, Dime que el whisky trabaja mejor que la cerveza, El juez está en el vinilo, las decisiones son finales, Y nadie consigue una suspensión temporal de un castigo, Y cada onda es marea, si cuelgas alrededor, Vas a seguir mojándote”.
Elliot Smith como todo ser humano no pudo escapar a la finitud misma de la vida, pero su arte deja un legado, el cuál al escucharlo (seamos de Londres o Buenos Aires, de China o París, del Bronx o Bervery Hills), se universalizan valores conflictuales eternos del ser humano, que dan cuenta de la lucha entre deseo y regla, entre amor y traición, entre nobleza y mezquindad, pero a través de los cuáles notamos, que en el mismo camino de la vida, debemos procurarnos dejar siempre un espacio para perdernos en las tinieblas y bondades del amor. Más allá de la probable desazón o decepción, porque si hay algo que todos tenemos claro, es que lo peor que nos puede pasar mientras la sangre caliente nuestros cuerpos, es terminar muriendo de tristeza y soledad.

Bernardo Damián Dimanmenendez











viernes, 25 de enero de 2008

Mieles y asperezas de un poeta salvaje Primera parte


La historia de Elliot Smith pareciera ser la de esas épicas “tragedias románticas”, dónde el precio de la frustración existencial se contrasta con un arte profundamente sensible y natural, la cuál incomprendida en su momento y exorcización mediante del artista, lleva al mismo a un reconocimiento eterno y atemporal.
“Border” y sinuoso, caminando siempre en la “otredad” de lo que podría denominarse felicidad, y a la cuál parecería, (canciones mediante) abrazar y empapar de esta, a sus oyentes.
Su música destila la dualidad, de la seducción que se transforma en violación, del amor que se convierte en decepción, del suspiro de algarabía, que pronto es ahogada en un mar de tristeza, de la afabilidad de querer compartir, que choca contra un mundo de egoísmo, transformando el abrazo y la mueca de sonrisa, en un puñetazo de bronca e impotencia; en síntesis, de la esencia “agridulce”, con la que confrontamos a lo largo de toda nuestra existencia.
Pero por encima de esto, Elliot Smith fue un artesano excelso de la canción, que le canto a los hombres de estrellas y “estrellados”, y que como dejo de esa constelación mágica y trágica, hizo honor al mito del poeta salvaje, que muere de soledad.


Estados unidos 1994, tras los escombros del bramido grunge

1994, pareciera ser una año bisagra para la música norteamericana. El 8 de Abril, Kurt Cobain, haciendo honor a la letra de Neil Young, decidió extinguir su alma por siempre, para acabar con los fantasmas que lo cercaban desde hacía tiempo. La famosa revolución sonora encabezada por la denominada movida alternativa G-4 (Nirvana, Alice in Chains, Pearl Jam y Soundgarden), perdía a su líder artística y espiritualmente más talentoso y carismático. Ya nada olía a adolescente, las aguas quisieron ser revueltas, y el océano musical era calmo nuevamente. El Doom Rock que emanaban sus depresivas letras, a través de guitarras distorsionadas, ya era una hoja seca, y el legado era recogido por unos Smashing Pumpkins, cuyo mayor pretencionismo instrumental generaba una sofisticada política sonora , dejando de lado cualquier intento de vibra punk, que Cobain y los suyos habían construido. La “zacarina” volvía al rock, así, Sheryl Crow acaparaba las radios norteamericanas, haciendo añicos la promesa de los “grungers” de que nunca más en la radio sonarían a escala masiva artistas de la calaña de “Huey Lewis and the news”. Beck daba sus primeros pasos, pero no inmiscuía por detrás una escena homogénea, sino más bien la elegancia universal que todo buen “crooner” detenta. Para colmo de males, se decide organizar, (contextual y conceptualmente de manera errónea), un Woodstock que conmemore el 25º aniversario del utópico sueño hippie. Así, el barro mítico volvió, pero esta vez no había amor, sino virulencia en la tierra mojada que dejo como saldo 4 muertos por asfixia en la ya legendaria pelea de barro entre Green Day y sus fans, que sirvió como despegue para que el nuevo punk californiano, (Green Day, Offspring, entre otros) llevara adelante una movida musical plagada de excesos estéticos fetichistas y carente de una dialéctica musical visceral que conllevará algún tipo de replanteamiento ideológico en el joven escucha.
La brújula de comando del rock internacional, iba a pasar nuevamente a Gran Bretaña.
Festejando el fin del tacherismo, y con los laboristas de nuevo en el Parlamento después de casi 20 años, los británicos no quieren saber nada con la depresión y (hedonismo musical mediante) solo quieren festejar.
En septiembre Oasis saca “Definitive Maybe”, y rompe records de ventas para un álbum debut, y lo “Cool British”, legado iniciado por los Beatles en los 60’, vuelve a concentrar la atención del mundo entero.
Consciente o inconscientemente la música de Elliot Smith se iba a mixturizar de algo de todo esto. Por un lado de la contusión de los sueños rotos, que emano el Grunge, y por otro, de la canción perfecta, sugestiva y emocional que el Brit-Pop construyo durante esos años, pero para entender el motor creativo natural del cautator, debemos, repasar el modo en el cuál se fue inscribiendo en el mundo y ubicarnos en el lugar que transitaba en el mundo hacia inicios de esa década.

Afección Nómade

El arte siempre funciona como catarsis liberadora de traumas familiares, afectivos o físicos. Siempre las huellas de fantasmas existenciales que rodean una mente sensible en la música son expuestos desnudamente a través de las canciones.
Elliot Smith cumplía varios de estos requisitos, desde su penosa disfuncionalidad familiar, (abusos sexuales incluidos), pasando por una adolescencia nómade que jamás lo llevo a anclar en un contexto afectivo y visual conocido, desidia adolescente que lo llevó a probar todo tipo de sustancias narcóticas, y la desazón por tener la convicción interior de poseer mucho para dar, y pocos que lo quieran comprender o escuchar.
No obstante su capacidad de intuición, curiosidad, sensibilidad e inteligencia le otorgó siempre un interesante dinamismo social. Egresado en 1991de la facultad de Massachussets en Filosofía y ciencia política, algo que realizo más por inercia que por propia convicción, forma su primer banda Heatminster (banda que mezcla influencias del hardcore de Fugazi con el renovador sonido grunge de ese entonces). A todo esto, los contrastes ridículos de la vida misma, no le daban un espacio de anclaje para desarrollarse su alma en armonía. Así como en Buenos Aires, nos encontramos con numerosos arquitectos manejando taxis, Elliot pese a su título universitario y mientras armaba su primera banda, se ganaba algunos dólares trabajando en una panadería.
Así los años pasaban, y su banda no terminaba de lograr un lugar de cierto reconocimiento, por lo que en diciembre de 1994, decide, (más por insistencia de su novia de ese entoncs, que por “motus” propio), lanzar su primer disco solista.

Toreo purgatorio

En la historia de los cantautores del rock no reconocidos, se puede rastrear el origen de esa atemporalidad que enmarca a la música de Elliot Smith, en el fallecido Nick Drake. Claro que en la distancia que separa a uno del otro, pasaron más de veinte años. Entonces el naturalismo de Nick Drake, desarrolla historias de melancolía tortuosa que se decoran de árboles, ríos, campos y lunas, como reflejo del aura de ensoñación hippie romántica que enmarcaba su arte. Elliot se inscribe en un contexto de posmodernismo, de fin de ideologías y del pesimismo y embotamiento que asfixia a las almas sensibles perdidas en las urbes. No le canta al suspiro del amor que se va, sino a la impotencia desoladora que genera el rechazo o la incomunicación afectiva y sincera.
No hay flores, ni lunas, sino paseos “dantescos” en Obdsmobiles, llamadas telefónicas desesperadas que no encuentran respuestas, y el amor es descripto como una llaga infectada e inmune a todo tipo de antibióticos.
El primer tema “Roman Candle”, no solamente sirve de título al álbum, sino en algún sentido para entender el concepto estético de la portada y del contenido musical del mismo. La “Vela Romana”, es un elemento de pirotecnia, pero traspolado al universo artístico y estético del álbum, sirve como metáfora descriptiva de una explosión que haga acabar con la herrumbre misma del “border” o “outsider” de la megapolis moderna, y que en la catarata de chispas que caiga se alumbre una vida nueva o comienzo, ya que nadie puede recomponer la “vela romana”, una vez quemada.
En dicho tema, (lejos el mejor del álbum), se define la quintaesencia de su primera etapa compositiva. Cuando uno escucha los acordes inciales de “Roman Candle”, pareciera encontrarse en un lugar de profunda descarga emocional, similar a la que se produce en el mismo momento, que el toro va al encuentro del torero.
Elliot Smith asume un papel desafiante, vertiginoso, en dónde toda la bronca contenida es expulsada a través de la misma música, que se resuelve con éxito a través del uso en ciertas partes de efectos de “overdrive”, (como si el aspa del toro pasara de largo y el triunfo sea para el torero). La letra clarifica esa postura descarnadamente “retadora” en la parte que narra, “He could be cool and cruel to you and me, Knew we'd put up with anything, I want to hurt him, I want to give him pain, I'm a roman candle, My head is full of flames” (“Él podría ser fresco y cruel a ti y a mí , sabría que toleraríamos cualquier cosa, Deseo lastimarlo, Deseo darle dolor, Soy una vela romana, mi cabeza esta llena de llamas”. Todo ese “ruidismo” hosco, que no permite una comunicación real afectiva y resulta generadora de dolor, parece ser el patrón a seguir en el disco, de hecho muchos temas se autotitulan “sin nombre”, y esa atmósfera fatalista cobra una dimensión más notoria en la épica “Last Call”.
Un año después lanza su segundo Lp que lleva su nombre “Elliot Smith”. Con una leve mayor producción en las guitarras que logra una mayor expresividad sonora. Pero lo más importante es el uso del multi-tracking (técnica que desde entonces no abandonará hasta el final de sus días), que le permite superponer varias capas de su impresionante caudal vocal y destacar en forma precisa las armonías vocales.
El disco desde su misma portada, parece mostrar el abismo tensionante que envolvía al cantautor a partir de su marcada adicción a las drogas. Hay tirantez en la atmósfera musical del disco, que parecería mostrar un panorama desolador, y de flagelo corporal, como demarcando explícitamente un abismo existencial (de hecho la tapa muestra un par de cuerpos cayendo al vacío y la contratapa muestra una sensación similar mostrando una foto en contrapicado del puente Brooklin).
La tensión se hace claramente presente desde el inicio. En el primer tema “Needle in the Hay”, (tema que el director de cine Wes Anderson, haría mundialmente popular, en el intento de suicidio de uno de los personajes de “Los excéntricos Teneubam”), la propuesta es marcadamente confesional y purgatoria a la vez. La letra dice: “I can't be myself, And I don't want to talk, I'm taking the cure, So I can be quiet, Whenever I want, So leave me alone, You ought to be proud that I'm getting good marks, Needle in the hay, Needle in the hay” (No puedo ser yo mismo, y no quiero hablar, Estoy tomando la curación, solo quiero permanecer tranquilo, Como yo lo deseo, estoy orgulloso de estar consiguiendo buenas marcas, Aguja en el heno, Aguja en el heno”). El disco también muestra a E.S. nuevamente en su papel de torero musical, en la frenética “Southern Belle”, aunque el mejor tema del álbum, resulta ser “St. Ides Heaven”. Una pieza musical, de una compleja sucesión de acordes en donde pareciera musicalizarse, el paisaje mental del “yonkie”, paranoico por las miradas ajenas y la vergüenza propia.
Estos discos de escasa difusión y venta, parecen sintetizar el E.S., más rupestre, (en ninguno de los dos discos hay baterías, pianos, o bajo, las canciones son decoradas solo con guitarras peladas,mayormente acústicas) y empapado de toda la influencia musical del indie-folk, teñido de ese discurso melancólico, depresivo y opresivo, que enmarco a la escena grunge y su lírica “Doom rock” (o sea, de tristeza y melancolía). En síntesis, estos dos primeros trabajos, definen explícitamente la naturaleza musical de Elliot Smith y la cuál nunca abandonaría, pero como todo gran artista que hila fino, siempre va a tratar de buscar una vuelta para no terminar repitiéndose en fórmulas musicales, pero sin perder su particular esencia de “poeta trágico” y visiblemente alienado, que lo hace peculiar y único a la vez.

Crema de estrellado
Antiguamente la electricidad en el folk era sinónimo de traición. Sin embargo, en el álbum Either/or (1997) no hay deslealtad, sino ganas de evolucionar artísticamente. Entonces el primerizo indie-folk de los dos primeros discos, se convierte en indie rock, y el disco constituye un paso hacia delante en cuánto calidad y planteamiento musical. Por esos tiempos, el Brit-pop, alcanzaba el sumún a nivel mundial, encabezado por Gallagher y cía. y hay un claro acercamiento al formato canción brit-popero de ese entonces. Las estrofas y estribillos van a sonar sumamente compactos, que sumado a la inclusión de baterías, bajo, poderosas guitarras eléctricas (escuchar el estruendoso solo de “Punch and july”, en la línea power-pop de “Big-Star”), y teclados, dejan atrás las súplicas intimistas acústicas de los dos primeros dos discos. En la tapa del disco por primera vez aparece él, mostrando su impronta neurasténica y en la contratapa se ve un candelabro. Es como que la evolución de formas musicales planteadas en este disco, denoten que más allá de las dudas existenciales, (de hecho Either/or, es el título de un ensayo del filósofo danés Soren Kiekeergard), que lo siguen persiguiendo, encuentra en la música cierta luz para darse un respiro. Quizá el ejemplo más claro esta en la delicada balada “Ballad of Big Nothing” en la parte que la letra narra: “You can do what you want to whenever you want to, , there's no one to stop you, Now you can do what you want to whenever you want to, Do what you want to whenever you want to, Do what you want to whenever you want, to though it doesn't mean a thing, Big nothing”, (Puedes hacer lo que desees siempre que lo quieras, puedes hacer lo que quieras, eso es lo que no va a detenerte, Ahora puedes hacer lo que deseas siempre que quieras, Puedes hacer lo que desees, siempre que lo que quieras, Hacer lo que deseas siempre que quieras, aunque pienses que no signifique nada, una gran nada”.)En 1997, el director de cine Gus Van de Sant, lo invita a participar de la banda sonora de “Good Will Hunting”, (una versión más precisa y realista de la por entonces “Generación X” norteamericana, al contrario de la minúsvalida “Generation X”, protagonizada por Ethan Hawke). Elliot aporta varios temas para el soundtrack de la película, y uno de ellos, “Miss Misery”, le vale la nominación para los Oscar.
Esto, le da la chance de mostrar su música en medios de difusión masiva. Así a principios de 1998, debuta en la televisión norteamericana, interpretando en vivo “Miss Misery”, en el programa de Conan O’Brian, unas semanas antes de presentarse en los Oscars y que el mundo entero lo descubra físicamente y artísticamente. Como queriendo contrastar con toda esa gala maniqueísta e histérica que son dichos eventos, E.S. se presento de traje blanco y ofreció lejos el mejor tema y la mejor interpretación musical de la noche. Pero como bien sabemos, en Hollywood el buen gusto tiene paladar corporativo, y el premio se lo llevó “My Heart Will Gold on”, de Celine Dion.
No obstante, su aparición en la crema del espectáculo le repara ciertos réditos. Sus tres primeros discos son reeditados por Domino records y firma contrato con la Dream-works de Steven Spielberg, que le permite disponer de recursos de producción inimaginables años atrás. Así se convierte en un año de intensa actividad, presentándose continuamente en vivo (participio incluso del celebre “Saturday Night Live”, y colaboró también en la banda sonora de “American Beauty” (su tema es una re-versión del “Because” de los Beatles, que aparece en los créditos del final).
No obstante en la aparente felicidad por la dicha inesperada, E.S., se siente presionado y a la vez oprimido. X/0, es un claro reflejo del fatalismo sentimental que invadía a Elliot Smith por ese entonces, sumado a su dificultad para poder deslindarse de su adicción a sustancias peligrosas. En la tapa aparece fuminada la imagen de el jugando con un tocadiscos, y sobre el fondo se ven varios afiches-agenda, en la contratapa una silla vacía. Todo un cuadro pictórico, de lo que le sucedía por aquel tiempo. En el aparente reconocimiento masivo, en el cuadro aparente que decodifica la audiencia, de facilidades y gracia, es solo una pintura fingida. E.S., sigue vagando por aguas tempestuosas de complicado timoneo. Entonces, toda ese marco de reconocimiento, parece desvanecerse frente a su naturaleza inestable.
El disco a través de un adecuado uso de vientos y una marcada presencia del piano, intenta edulcorar el paisaje desolador que las letras ofrecían. Hay desenfreno eufórico que sirven de catarsis como “Amity”, irónica resignación en “Oh well ok” y añoranza de romance en “I didn`t understand”, que repasa la mejor tradición pop de los Kinks, Beatles y Brian Wilson, respectivamente.
Sin embargo lo paradojal del estado de ánimo del E.S.,( pese al reconocimiento masivo y las casi medio millón de copias vendidas), se encuentra en la descarnada “Everybody cares, Every understand”, en dónde canta, “ Everybody cares, everybody understands, Yes everybody cares about you, Yeah, and whether or not you want them to, It's a chemical embrace that kicks you in the head, To a pure synthetic sympathy that infuriates you totally, And a quiet lie that makes you want to scream and shout” (“Todos cuidan, todos entiende, si todos cuidan sobre tiTodos cuida sí sobre ti, Sí, y así aunque no los deseas, Es un producto químico que te patea en la cabeza, A una condolencia sintética pura que te enfurece totalmenteY una mentira reservada que marcas que deseas congelarte y gritar”
Bernardo Damián Dimanmenendez

lunes, 31 de diciembre de 2007

Trazo Purgatorio


Numerosas veces el joven negocia constantemente su status simbólico, de acuerdo a modas o texturas ideológicas que lo depositen, en la manera de lo posible, en un hábitat próspero, en dónde el solo hecho de pertenencia a dicho lugar, le otorgue un horizonte de posibilidades mayores de maniobrabilidad en este mundo que hace de llamarse, planeta Tierra.
En la actualidad, el revestimiento de lo que se ofrece, es mayor que el contenido en sí, depositando a la persona, como un vouyeaur, que degusta de manera abstracta, colores y formas, a través de sus ojos, pero sin tener la pleitesía de poder llegar al bocado concreto (dulce o amargo), ya sea para bien o para mal.
La estética de “Buen Día te Quiero Mucho”, de Alfonso El pintor, a priori, parecería ser una muestra más de todo ese albergue acéfalo que hace hoy en día de Palermo, un barrio pleno de producción “eunuca”, pero sin poder a poder ofrecer necesarios elementos fálicos que sirvan de aporte para la construcción de lo denominado “contracultural”.
Los colores Rosa y Blanco, y el título del álbum, denominado “Buen Día te quiero mucho”, parecería nuevamente retrotraernos a ese mundo tibio y naif, que logra a través del relativismo ideológico, y un “demagógico” multiculturalismo, fastidiarnos, debido a la sensación de fraudulento “amiguismo” musical.
Sin embargo, Alfonso el Pintor, se sobrepone, ofreciendo sutilmente, y a través del arte de tapa, juega una carta que podríamos denominar “ancho falso”, en el sentido, de la intriga que se produce en clásico juego de cartas, y que genera una incógnita, por la duda que repentinamente se produce. Así en el amague de cintura estético, surge la pregunta: ¿Las Flores que el chico esconde sobre su espalda, serán ofrecidas a la chica que espera sonriente, o serán guardadas para mejor ocasión?, ¿La situación devendrá en álgida ternura o súbito desencanto?.
Una vez descubierto este inteligente artilugio, el viaje musical de Alfonso El Pintor, propone una bondad creativa, sin necesidad de que la comodidad que esta propague, termine siendo repelente por lo “dulzón”, sino por el contrario, buscando a través de letras que narran sobre la reconstrucción de la identidad, a partir de encontrar en la reflexión transeúnte, y la introspección personal, una nueva “América existencial”, que sirve para purgar los dolores pasados y subir al barco de la vida para navegar con mejor temple, las aguas impredecibles, con la que esta nos salpica a menudo.
El disco presenta un concepto circular, tanto en que respecta, al contenido lírico, como en lo que subyace, a la música en sí, de hecho, las programaciones, entre melifluas y agrestes, (que recuerdan todo ese sopor cándido del primer Kraftwerk, especialmente su álbum, “Ralph and Florian”), recorren desde el primer tema, que le da el título al disco, “Buen día te quiero mucho”, hasta el último “Mi planta de Chichimbra” y las letras dan cuenta de que el viaje expiatorio, se encuentra ausente, de todo sensación parca o vil, conllevando en la amenidad, en la simpleza afectiva y en la aceptación de uno mismo, la plataforma de despliegue de las canciones.
Si el redescubrimiento del “Kraut” de El mato a un Policía Motorizado, busca la veta más enérgica y visceral de “Neu”, como forma de repliegue terrestre frente al frenesí posmoderno (como ejemplo válido de esto, sirven los temas “Amigo Piedra” y “Navidad en los Santos”), la huída de Alfonso El Pintor, se va a ejecutar, a través de un volátil psicologismo.
Entonces a través de un “Kraut” nímbico, la geografía sonora va a adoptar formas más espaciales y menos corpóreas, como podrían ser los nubes o cuerpos celestes espaciales, y en dónde a través de la renuncia al fastidio terrenal, como muestra están las letras de “Calma”, que dice “Yo soy parte del conjunto que no tiene solución, si la casa que construyen al lado de mi casa anda mal, es porque en cámara lenta va, yo salgo a pasear, a ver si el paseo me salva”, o “Me voy”, en dónde se repite numerosas veces la frase, “Quiero renunciar”, hasta llegar al cambio de atmósfera sonora que va acompañada de la frase “me voy, no vuelvo más”.
Como si se trataría de esas películas neo-expresionistas alemanas de Werner Herzog, la exploración o búsqueda, no busca un punto de encuentro concreto, (una vez aceptadas las deficiencias y descubiertas las virtudes), sino que merodea un punto de llegada, pero sin llegar jamás a planteárselo como objetivo o mapa firmemente trazado de antemano, de hecho las programaciones “Kraut”, en dónde se avizora el final de un viaje, como el tema “Viendo A Marte”, parecerían que ostean el rumbo elegido (¿acaso el que lo guió a la fraternidad de una buena compañera?), pero nunca como algo táctil, sino como una visión que aparece delante de los ojos, y a partir de la misma se imagina el objetivo a seguir, pero sin nunca llegar a determinarlo como algo corpóreo, sino como un espectro de deleite.
Esa idea de viaje infinito “Herzogiano” y cosmogónico hacia el interior del inconsciente, es confirmado en la canción, “El tren de las Nubes”, en dónde el aura nímbica perfila el lugar de encuentro, intentando eternizar el alunizaje existencial de placer, (de hecho, sobre el final del tema asoma la frase de destino indefinido que dice “Que nunca llegue el tren, que nunca llegue”, que se repite hasta el final, ayudado por el cierre de ensoñación a través del eco melancólico que se escucha en el punteo de guitarra, (que como a lo largo el disco, no estructura las canciones, excepción del tema “Calma”, sino que se acoplan a un molde o estructura compositiva, enmarcada en las melifluas programaciones), así a través de estas, el meliflúo“Kraut”, se tiñe por momentos del más nostálgico “new romantic”, (hay un paralelo en lo que respecta a la idea de cierre taciturno musical de los temas de Alfonso, que puede rastrearse en discos anglosajones de los 80’, como “The Queen is Dead” (The Smiths), “Ocean Rain” (Echo and the Bunymen), “It´s my Life” (Talk Talk), entre otros.
El cierre, del disco con “Mi Planta de Chichimbra”, por acertada decantación, parece ofrecer un horizonte, dónde a través de la búsqueda musical, solo hay motivos para levitar cómodamente en cualquier lugar del universo, (ya sea más allá de Saturno y las estrellas, o en las mismas profundidades del inconsciente), una vez que a través de la purgación producida se separa lo que va, de lo que no, (el “sí” del “no”, en el sentido más “lennoniano” posible), logrando que lo álgido termina superando al desencanto, y despejando la incógnita planteada en el arte de tapa del álbum, hacia un lugar de plácida y positiva geografía existencial.
El disco de Alfonso El Pintor, narra un mundo personal y confesional, en dónde la sensibilidad y simpleza, se superpone a cualquier intento de pretencionismo excesivo artístico o fraudulenta complicidad musical, el desafío como todo marinero que arriba a “buen puerto”, en su primer viaje, pasaría por no quedarse con las primeras flores recibidas, sino por el contrario, hacer la vista gorda frente a estas, incluso, negar el apacible pasado artístico desempeñado, como válida manera de auto-reinvención, evitando caer en la standarización, que termina por vapulear la capacidad exploratoria de los artistas, en síntesis, intuyendo que el ramo floral más deseado, siempre se encuentra a miles años luz y puertos distancia. Bernardo Damián Dimanmenendez






miércoles, 26 de diciembre de 2007

Semillero de Rock


El pasado viernes los DChampions juntos con los Reyes del Falsete se presentaron en el Club Alumni de Turdera. En una localidad que forma parte de un triángulo del conurbano junto con Adrogué y Temperley, que salvaguarda, mágicamente desde hace casi 20 años, la necesidad y obligación del rock argentino de ser sincero, moderno y fresco, sin temor al ridículo o al menosprecio ajeno, ambas bandas demostraron que el legado que iniciaron agrupaciones como Los Brujos o La Nueva Flor, (hoy en día Victoria Mil), permanece acertadamente vigente.

Uno camina desde Adrogué hasta Turdera y se da cuenta de que a cada paso de vereda, se encuentra con lugares que afectaron contextualmente y espiritualmente a personas, que más tarde convertidos en músicos, renovarían en gran parte la escena del rock nacional.
Antes de llegar al Club Alumni (clásico club de barrio, de esos del cafetín y la grapa interminable), recorriendo las 15 cuadras que separan el centro de Adrogué hasta Turdera, uno pasa por el Colegio Palotti, el cuál Los Brujos, inmortalizaron en el tema “Monseñor Le Flip” de su LP debut “Fin de Semana Salvaje”. Esas mismas veredas, también fueron transitadas por los integrantes del “Otro Yo”, “Victoria Mil”, “Travesti” y varios más que seguramente me olvido.
Turdera, Adrogué y Temperley, se encuentran adornados por una colmena de árboles, (debe haber ciento cincuenta por cuadra), más allá de sus partes céntricas, y exceptuando Adrógue, (que es la localidad más pudiente), tanto Temperley como Turdera, no guardan condiciones excesivamente diferentes de las virtudes y carencias económicas que detentan el resto de los pobladores de otras localidades del conurbano bonaerense (ya sea, el sur, norte, oeste o este), entonces la pregunta viene al instante, ¿Cómo puede ser que en ese triángulo contextual geográfico, sigan saliendo bandas cuya propuesta musical escapa a la línea media y chata de la mayoría de las bandas del rock nacional?.
Bueno para develar algunos de estos interrogantes, voy a tratar de usar algunos de los elementos, visuales y musicales, que tanto los DChampions, como Los Reyes del Falsete, expusieron aquella noche y compararlos con otros exteriores a su música, que sirven como germen de naturalización de su mundo filosófico adquirido natural y culturalmente.
En un escenario plenamente “Kistch” y adornado con docenas de globos, salieron al ruedo Los Reyes del Falsete, (trío integrado por dos guitarras y una batería).
Su presentación resulta directa y contundente. Bien aceitadas las guitarras y plenamente comunicadas con la batería, desde “Mi Chica”, pasando por temas efectivamente efervescentes como “El Gran Cohete”, (clave el acorde inicial de la canción, para darle esa vibra mencionada anteriomente) o “La Fiesta de la Forma”, (esta vez tocado a plena guitarra, y sin la experimentación de formas sonoras exhibidas otras veces, a través de solo un teclado y arrestos pequeños de guitarra), y pasan en forma acelerada, entre otras, a “Las cosas como son” y “Yabrán”.
Presencia escénica, energía adolescente y sobretodo nobles y buenos temas, son en los jóvenes “Reyes del canto”, un buen alegato para continuar refutado lo anteriormente mencionado con respecto a bandas surgidas en esta parte del conurbano.
Luego vino la presentación de los DChampions, que a partir de la edición de su último LP “Para las Chicas”, despertó por igual cantidad vivaces elogios y ásperas críticas.
Personalmente pienso que el último disco de los DChampions, sino es el mejor del año, merece al menos un podio. Esto se debe, más que nada al mundo que describen las canciones, en dónde el amor, aunque a simple vista pareciera estar recubierto de una pelusa de misoginia, en verdad es una sutil confesión casi a regañadientes de alguien, que sabe que en su vida, más allá de todo lo que haga, (bueno o malo), los peldaños más duros, siempre los escalará mejor, de la mano de una buena compañera, aunque en el fondo le cueste aceptarlo.
Dejando un cierto “ruidismo” experimental que caracterizaba a sus canciones anteriores, (ya sea, en las melodías de sus temas, bases de batería o duración de los mismos), los DChampions, logran una ganancia interesante a partir del virtuosismo melódico de su guitarrista, Juan Manuel Posee Anchorena, el cuál es apoyado por de la capacidad de Santiago Rial en la voz, para hilar con dos frases todo un desparpajo de sueños frustrados y futuras esperanzas.
De este modo, la banda suena como una oratoria musicalizada de sueños vapuleados y residuos cosechados del mismo frenesí que la vida otorga, (sin reconocer méritos o condenas anteriores), en dónde a través de temas como “Para Leo”, la guitarra mediante un dulce sonido, hilvana todo un marco sonoro, donde la convivencia es narrada con filosa ironía, y convirtiendo la supuesta misoginia anteriormente mencionada en una especie de “miss-oniria”, (en el sentido de que habla sobre una perdida afectiva que anteriormente se depositaba), y en el estribillo, asoma como estrella apaciguadora, la figura del primogénito, como partenaire neutro, de una ambiente hostil y como fruto de algo que fue amor, y que hoy solo es recuerdo amargo.
Luego pasan entre otros, “Chica Cósmica”, “El aguijón”, “Alta Onda” y cierran con “Tranquila”, cuya ansiosa narrativa, hablan de un espíritu que solo puede saciar su libido, encontrando el “timing” para manejar a la reina según el tipo de colmena que habite, (algo clave para entender el oficio obligado de “laburante” u obrero sexual, que todo hombre siempre debe llevar, más allá del porte que detente.
Así cerró la noche de música, en dónde hay algunos elementos, que van a servir para despejar la incógnita antes planteada.
Primeramente vamos a referirnos a detalles técnicos, que se desprenden al observar a las dos bandas que actuaron.
Más allá de su diferencia en lo que respecta a sus estilos, demuestran a través de la simplicidad melódica, y su capacidad para minimizar recursos (ya sea, instrumentales o técnicos), una ejemplar comprensión del rol de conjunto que debe cumplir una formación musical, para que esta maximize su potencial creativo, sin caer en patronazgos prototípicos del rock nacional, como suelen ser los solos de los denominados “Héroes guitarrísticos”, que equivocan con su virtuosismo instrumental la capacidad imaginaria creativa para hacer de la música algo innovador o fresco, (en los mejores temas que sonaron dicha noche, como “El Gran Cohete”, de “los Reyes” o “Para Leo”, en el caso de los DChampions, las dos bandas estructuran la canción sin necesidad de que un solo destaque, como punto de quiebre de la canción, sino que solo comprende el lenguaje de la música que esta sonando y adecua, un respetable papel) o en tomar al rock, como un lugar inmaculado e intocable, respetando elementos clásicos que atañen a la formación de una banda, (el caso de “los reyes”, dos guitarras y batería solamente).
Sumado a esto, es fundamental para entender la indiosincracia musical de ambas, la música que desde chicos fueron curtiendo a sus integrantes.
La zona sur, especialmente, las localidades de Temperley, Turdera y Adrógue, debido al desarrollo de las mismas a partir del tren, fue históricamente poblada en sus orígenes por mayoría de inmigrantes ingleses o británicos. La influencia genealógica, hace natural que a los nietos de estos inmigrantes proclives (por una cuestión simbólica y actitudinal a la vez,) a interesarse por variantes del rock inglés, más allá, de la media normal, (que se escucha en el país, ya sean, los Beatles o los Rolling Stones).
Como ejemplo valga, que la mayoría de los pobladores de dichas zonas que están de alguna manera relacionados con la música y específicamente con el rock, agudizan sus oídos, desde temprana edad, pasándose discos de bandas no tan comunes en el escucha adolescente argentino de rock, como lo son por ejemplo, Jesús and Mary Chain, My Bloody Valentine, The Kinks, o Physechedelic Furs, entre otros).
A la vez, esto no los hace caer, en un lugar de insurgencia reaccionaria, ideológica o estética. Guste o no, tanto los habitantes de Temperley, Turdera y Adrógue, viven consciente o inconscientemente una situación dinámica habitacional similar a los denominados “Ghettos”. Su situación de marginalización no se debe a motivos religiosos, políticos o culturales, sino más que nada a que al estar medianamente lejos de la cosmopolita Capital Federal, sus integrantes adolescentes no acceden fácilmente a la multitud de estímulos de confort consumistas al que están acostumbrados los adolescentes de Capital Federal, en el sentido de lo cercano que se encuentran estos a centros de divertimento, como lo suelen ser los Shoppings, los Villages, o Galerías donde los “teenagers” pueden calmar mediante el consumo compulsivo todas sus carencias existenciales, (especialmente dudas sexuales con el pavor hormonal y pulsional que estas conllevan), como lo pueden ser Labond Street o La Quinta Avenida.
Entonces a partir de esto, se van nutriendo de estímulos otorgados por la propia vivencia del barrio, que a la vez le sirve, como motor de combustión artística a su música, (ya sean mujeres, experiencias psicotrópicas, de comunión o enemistad con sus pares) y su praxis de constitución como personas, va a ir más del lado de la producción, que del consumo, como forma de hacerle frente a los fantasmas que pueblan la mente de todo adolescente.
Su lenguaje musical, más allá de no caer en patrones comunes de composición, no va a estar revestido de ese “fashionismo” urticante, que suele acompañar a muchas bandas, que por una cuestión de fuerte identificación con la música anglosajona, suelen caer en el fangoso pantano de componer canciones en inglés, creyendo con esto, que “internacionalizan” de manera acertada la música, cuando en realidad, esto resulta ser, un acto de frívolo “snobismo”, separando la realidad idiomática que los circunda, y no contándole al mundo su verdadera experiencia diaria, o acaso, cuando se levantan ¿le piden en inglés a la madre que les haga un té, o , a la hora de cortejar a un chico o una chica, ¿lo hacen en otro idioma?.
Las bandas, surgidas en este “mágico triángulo musical”, narran más allá del formato musical que adopten, su experiencia vívida, real y concreta, ya sea desde, la que surge en sus hogares, hasta la que se produce fuera de ella, sin necesidad de ningún tipo de ostentación cultural, logrando que su mundo artístico, (más allá del patrón sonoro que elijan), sea identificable y codificable, por cualquier oyente de habla hispana, generando algo positivamente inclusivo, más allá del rechazo o negación de gusto, que suceda posteriormente, (como ejemplo válido, la situación que narra Santiago de los DChampions de abismo conyugal, en el tema “Para Leo”, que dice, “2 pesos para el pollo, 5 pesos para el cerdo, y un beso no me acuerdo, ¿Para qué, para qué?), ¿no es trasladable a una joven pareja trabajadora cualquiera del Gran Buenos Aires, como también, a una pareja universitaria de Capital Federal?.
A partir de estos factores, ya sean, los genealógicos, los contextuales y los disposicionales , los músicos de esta parte del conurbano, cuentan con una fina sensibilidad intuitiva y creativa, que les permite buscar formas musicales, dónde lo renovador, no se encuentre exento de dosis reales y concretas de la experiencia diaria (de la cuál todos consciente o inconscientemente formamos parte,) colocando a las bandas surgidas, en dicho triángulo suburbano, en un meritorio compromiso, con el cabal concepto que el rock, acuño desde sus principios, (ese que dice “que la experimentación no le debe tener temor al absurdo o la ironía, siempre y cuando, esta misma forma parte de nosotros mismos y no sea toscamente forzada ”), solo comparable en algún sentido, con las bandas surgidas en la ciudad de La Plata, (aunque la dinámica creativa de dicha ciudad, se explique más que nada por la particular bohemia que atañe, al cúmulo universitario con sus estudiantes, y su tendencia concéntrica, (como se ve en su arquitectura), a que toda novedad creativa musical, tienda a ser vista o escuchada, por la mayor cantidad de pobladores que la transitan.
Otro dato a tener en cuenta, es que La Plata, posee casi 700.000 habitantes, mientras que Adrogué, Turdera y Temperley, en total sólo suman 70.000 personas).
Bandas que han aportado, a la renovación necesaria del rock nacional, como lo fueron Virus (surgidos en La Plata), pasando por Los Brujos, Victoria Mil, Juana La Loca, El Otro Yo, hasta llegar al presente constituido por los mismos Reyes del Falsete o DChampions, pasando por El Mato a un Policía Motorizado, Travesti, Norma, Sr. Tomate o Mármol R, son en su mayoría surgidas en La Plata, Temperley, Turdera o Adrógue, (valga, la excepción para los Babasónicos, que son originariamente de Lanús, ahí nomás igual también, en lo que respecta a ámbito geográfico), lo que da cuenta que en lo que respecta a música, y comprobado una vez, luego del recital de los “reyes” y los D-Champions, de que realmente, “El Sur si existe”.


Bernardo Damián Dimanmenendez









martes, 18 de diciembre de 2007

Estrellados por el rock



El viernes pasado la agrupaciones Volco y los Reyes del Falsete, se presentaron en el Tío Bizarro. Tomando al rock, como un lugar dónde la creatividad de los artistas se define por su capacidad para bajar a tierra (instrumentos mediante) la energía que emana del cosmos y nos baña diariamente en forma invisible, las bandas cable a tierra mediante, le dieron tono a la húmeda noche de Burzaco.


Entré y saludos mediante, a la gente encargada de las entradas, decidí hacerle una oferta de 5 pesos por el último disco de Volco. De buena manera aceptaron, y cuando me dispuse a abrir el cd, encontré una hoja vieja del conservatorio “La Médica”, con un epígrafe que decía: “Que aquí comience un texto que tome forma en el Cosmos”, algo de eso intentaré para que estas mismas líneas que darán cuenta de aquella noche de música permanezcan imborrables al paso del tiempo y sea muestra de un pequeño mundo, en el cuál, una noche de Octubre, fui partícipe mudo.
Volco con casi 10 años de carrera y 3 albúms editados, ha pasado de una veta electrónica experimental, hacia un lugar más descarnadamente directo y confesional a partir de su ultimo trabajo, “Fiebre de Rock and Roll”.
Abre el show con el tema homónimo de su último disco, y a partir del cuál el artista parece situarse en un rock, que a partir de los acordes y los sonidos buscados, parece situarse en una especie de peñasco final, consciente de la ruinosidad de la vida misma y utilizándolo como purgatorio de todos los sueños rotos.
Algo de eso parece rastrearse, en la filosidad vocal de “Fiebre..”, que empieza con esos acordes claves para entender el rock de bandas que tratan de auto-exiliarse del exceso como los Who de mediados de los 70’, para luego pasar a esos estribillos burbujeantes y directos de La-Re-Mi y vuelta a La.
Le sigue “Anzuelos”, “Miss Sentimiento Otoño” y la acelerada “Toda Mía”.
A continuación aparece el mejor tema del show, “Hey, vino y Pan”. De una narratividad musical que busca en valores que dignifican la moral del ser humano, el “Hey”, en realidad, es el último arrumaco a un amor que se va, el cuál a través de los arpegios cruzados de las guitarras, logra un climax intimista y dulzón a la vez.
Si el rock, que emana Volco en su último trabajo, funciona como crucifijo renovador de aguas estancadas hormonales y abundantes de ateísmo posmoderno, es correcto que los covers de Neil Young, “Rocking in the Free World” y de los Who, “The Seeker”, dando cuenta que la música es parte de la vida misma, y que el camino a encontrar, cada uno lo busca a su manera, errado o no, la hidalguía es lo último que se debe perder, más allá de la “futura cabeza contra la pared”, que tarde o temprano todos nos damos.
El show, cierra con un pequeño homenaje a Sumo, con el tema “Mejor no Hablar de ciertas cosas”, aunque si lo tomamos como guiño irónico, cuando se habla de rock, se puede hablar de numerosas cosas, hasta el punto que muchas veces, la música que oímos por la calle (autos, bocinas, trenes, etc), muchas veces también puede ser rock..
A continuación, “Los Reyes del Falsete”, formados por dos guitarras y una sola batería, demostraron porque son una banda prometedora, no solo por edad, sino también por capacidad de perfomance escénica sin temor al ridículo, que los ubica en un plano dónde la tabúla rasa creativa, queda holgadamente desdeñada.
Con sólo dos guitarras, y una batería, Los Reyes, abren con “Pacheco”, “El Gran Cohete” y “Mi Chica”. Así llegan al mejor tema de la noche, “La Fiesta de la Forma”. Pleno de aformidad sonora y compositiva, pero que en su inarmonía a través de los sonidos espesos del teclado, (al comando del baterista) y los juegos de las dos guitarras, adquiera una geometría musical más que interesante.
Así aparece un tema que da cuenta de los inicios ago-ago “beat” de la banda, sustentada en su la hilarante capacidad vocal de sus miembros, “Contale al Mundo”. Pieza musical, simple y pegadiza, la cuál por motivos inexplicables no grabarán en su próximo primer disco, a editarse en los meses entrantes.
La objeción viene por lo siguiente, si uno tiene una marca, ya sea interior o exterior, por el flujo mismo de ser un cuerpo caliente y darle motricidad a este, a partir de estímulos que uno adopta por convicción o simple gusto, es incomprensible que se crea maduro, deslindando su esencia, en síntesis, todos sabemos, que la madurez, es el lapso en que uno se traiciona a sí mismo y solo eso. Los Reyes del Falsete, son un extracto valorable del “A Cappella”, de muchas bandas “sixties”, y a partir de un vuelco hacia el minimalismo experimental sonoro, parecen ostear el post-punk de “Devo”. Para ser más exactos, la banda parece ser el ágape de Brian Wilson, buscando que el plato final sea elegido por Mark Mothersbough. (fundador de Devo). De hecho, cuando se paran en un costado puramente sónico o alternativo, quedan a mitad de camino entre su naturaleza y algo forzado, cosa que se evidenció en sus últimos dos temas, “Yabrán” y “El Telefonista Loco”.
Más allá de esto, el crédito por edad y condiciones es abultado aún para ellos, pero es obligado dar cuenta que Violeta Parra, siempre supo que jamás sería telonera de los Shakers, del mismo modo que los Shakers tampoco de Horacio Guaraní.
La noche cónclave de reflexión y exceso según la ocasión, pareció quedar una vez más atrás, y pese a que nadie sepa bien lo que pasa con su vida, una buena manera de descifrar los interrogantes es a través del rock, porque al final, cuando la luz de la misma vida se apaga y predecimos que la melodía final suena para todos igual, el tema pasa porque más allá del cierre idéntico, el inicio y el estribillo que nutrimos día a día, hagan (pese al inevitable cierre) un tema loable, en cuánto a afectuosidad y candor. Algo de ese constructo espiritual paso por las figuras de Volco y los Reyes del Falsete, ( más allá de las formas artísticas respectivas), es claro, que estar en la música y especialmente en el rock, es permanecer siempre en el lado en el cuál, a las estrellas del cosmos, más le place iluminar.

Bernardo Damián Dimanmenendez

domingo, 16 de diciembre de 2007

Latitud Optimista


Cuando las cosas parecen ir en declive, es cuando se pone a prueba la capacidad de alpinistas en la vida de los hombres. El camino varía según el contexto y la naturalidad de cada persona, pero cuando la sensibilidad se traslada al plano de la música, como variante exhorcizante, por lo general, resulta un buen crucifijo frente a la creciente “vampirización” espiritual del ser humano del presente.
Nómades por elección y convicción, el postre musical que presenta Superflan en su primer Ep, titulado “Dejen los Problemas”, es fortuitamente digestible y, a través de una música que escapa a cualquier pretencionismo solemne sonoro o compositivo, produce la buena digestión del oyente.
El disco se compone de siete temas, y la banda se encuentra integrada por Guillermo Ingra (voz y guitarra rítmica), Esteban Gonda (voz y primera guitarra), Luis Roberti (bajo y voz) y Sebastián Zacher (batería).
La propuesta filosófica, que emana de sus líricas, da cuenta, de cómo ya todos sabemos de antemano, la vida por si misma, no es fácil, pero con buena voluntad y la dosis adecuada de entusiasmo, cualquier pozo ciego puede ser evitado fácilmente.
Así, esa especie de arco iris optimista y melancólico, cobra vitalidad a través de ese “funk new wave” que es el primer tema que abre el Ep: “Dejen los Problemas”, dónde la voz rasposa de Guillermo Ingra, funciona como oleoducto extractor de los sonidos de guitarra, que le otorgan ese swing, sugestivamente bailable y optimista, que emana dicha canción.
De cuidada prolijidad en los arreglos instrumentales y en las voces, Superflan, retrotrae ese espíritu juguetón y afable, que por los 80’, supieron llevar en buena medida, bandas como Los Orions. Si de los 80’, hablamos es innegable que fue una década de fuerte “transnacionalización” de géneros musicales de diversa parte del mundo, que dio como resultado, la denominada “World Music”, de notable auge hacia mediados de esa década y teniendo como padrinos espirituales y musicales principalmente a Brian Eno y David Byrne. Algo de esto, puede rastrearse en los arreglos vocales de “Tengo una esperanza”, como intentando que la línea melódica de la banda, de manera casera, adopte consciente o inconscientemente, parte de esa atmósfera vintage, que atañe al concepto sonoro del disco.
En una época plena de agnosticidad y excesiva violencia postural, una buena muestra de cómo la banda extrae una porción de la vapuleada, amenidad criolla mediática, que en otros tiempos podía sintonizarse en “El Club del Clan” o en “Badía y Cía.”, es el tema “No Pararé”. Plena de beat y ago-go a la vez, (escuchar la batería y el bajo), el tema narra en forma chispeante como a través del baile y la diversión, la parranda hormonal es el mejor psicólogo que hoy en día podemos encontrar.
La música como un elemento de satisfacción y de irreverencia, frente al caos y los sinsabores de la vida misma, así haciendo honor a su nombre Superflan, sirve su acaramelada música, la cuál si apareciera en algún menú a la carta, Mochín Marafiotti, (recordado musicalizador de los carnavales de antaño), desde el cielo jamás se negaría a degustar.


Bernardo Damián Dimanmenendez






viernes, 30 de noviembre de 2007

En el Habitáculo


El valor de ofrecer rock como si fuera la biografía heroica de alguien que nada en aguas calmas y dignificantes, y que sin necesidad de un reconocimiento masivo puede saberse tranquilo, que hasta el último suspiro, las mieles del bien, lo bañaron completamente. Algo de eso parece desprender de la agrupación Travesti, en cada presentación en vivo, como si se tratara de una aventura cosmogónica, en dónde abunda la energía grata y vivaz.


La noche era húmeda, y el embrión de este recorrido, se inicia a través de la densidad sonora de los teclados de “Vibraciones del Confort”, como si de repente, las luces indicarán que todo lo que la historia musical alumbró anteriormente, logré una nueva luz esperanzadora frente a la niebla creativa actual. Una fría tarde de mayo, cuando los inmigrantes eran más asiduos en el puerto que las golondrinas, con los ojos achinados luego del parto, la felicidad invadía los corazones de un par de vascos, marchitados por la interpérie económica de aquellos años 20’. La música en algún sentido, va definiendo con el correr del tiempo, el caparazón del gusto y la forma de afrontar las vivencias, que ya desde chico nos depositan en el lado correcto o el equivocado. Sutileza, y prestancia, se desprende en los bajos grabados que dan forma a “Poder Florecer”. Exitoso en seducción intimista, esa misma que endulza al oyente, sin poder llegar jamás a empalagarlo, ubicándose los acordes, estribillos y coda, el momento y lugar exactos, para que con el correr de los años, la composición grabada, tenga asegurado el lugar de recuerdo feliz y eterno, de esos que una noche cualquiera, nos llevan a ese territorio perdido, sin saber bien porque. Su flor biológica aún permanecía intacta, no había dueño en el presente, ni se avizoraba casero a futuro. Inesperado, y casi sin poder entenderlo, un muchacho morocho y de pelo castaño, utilizó las mismas palabras que cualquiera, para requerirle medio kilo de pan, La mano le temblaba, mientras lo pesaba, y ni se animaba a volver a mirarlo a los ojos. El tenue “adiós”, se transformó en un “si quiero”, 7 meses después, sellando con dichas palabras, un amor eterno por 60 años.
Todo lo que no mata fortalece, algo de ese parece reflejarse los sonidos industriales, en plan “Music Hall” de reviente toxicológico y existencial, que son “Juventud Residual”, y “Polstergeist”. La semilla podrida que nutre la infección letal urinaria, parece asomarse a través de esos golpes robóticos que dispara “Gauchito Sónico” desde los teclados, y la guitarra “a la deriva” de Floxon, mostrando de que pasada la sequedad del alma, una grata flora decora nuevamente la bilis. Las promesas y expectativas, chocan contra una realidad de sueño roto. Todas las mañanas, él la despide, y se va rumbo al hervidero mental y físico que es la metalúrgica. Cansado y hastiado, ella lo espera religiosamente en el portón de madera, a las 5 de la tarde, con la pava a punto, para poder sacarse ese gusto amargo y de desazón, que le depara cada jornada laboral. Un día, para sorpresa de ella, el se asoma sonriente y con una boina nueva de pana; lo habían ascendido a capataz. Los días podían empezar a ser más felices, luego del prolongado invierno de expectativas.
La capacidad de superarse, hace a la calidad de la especie, el juego de Travesti, en “Polstergeist”, va unidireccionalmente, (a partir del tenue “ambient” de los teclados), a buscar un habitáculo placentero, que recorte el momento, como si fuera esas fotos que dan cuenta de que lo trajinado, vale la pena por el solo hecho de tener ese lapso donde todo lo presente es sabrosa confitura. La cronología de los hechos, dan un resultado satisfactorio. El honor y los buenos códigos, traen la casa soñada, los hijos deseados, y la vida se decora de las nuevas flores filiales, que ella riega, transformándose día a día en hábil culinaria. Así va construyendo un istmo familiar fuerte a cualquier maremoto exterior. Agradable y sociable, para separar la buena, de la mala yunta, y sutilmente rectora de deberes y obligaciones con sus hijos, los cuáles, guiados por éstos, llegan todos a buen puerto.
Para poder dar cuenta de un abismo, hay que mostrar el vigor que uno posee para indicar que puede subirlo. “In-crescendo”, van los sonidos del sintetizador de “Gauchito Sónico”, para que se destape un espumante brebaje musical, a partir de los acordes de guitarra de “Bloody Mary”. Las estrellas fulgurantes, solo existen en la vía láctea, los que se tildan así en la vida terrenal, y están compuestas de carne y hueso, saben que para darle combustión, tarde o temprano tienden a traicionarse a sí mismos. Los “Travas” con casi 7 años de vida, definen su esencia musical, en una exposición adredemente grotesca de su arte, que los catapulta a un lugar de valiosa vanguardia, sin caer en clichés arquetípicos, ya sean estéticos o musicales. O sea, en un plano creativo, conscientes de sus dotes artísticos, dejan de lado cualquier alarde de mesianismo musical, construyendo una “dejadez” sonora certeramente atractiva, como si fueran una especie de Jean Paul Belmondo del rock, (en relación, con el “feo con más onda” del cine, y que a la vez, rompió la mayor cantidad de corazones de femme fatales del jet set). La estela voluntariosa de amor, encuentra el grato aprecio de una familia cada vez más numerosa, y nuevos amigos que por la dinámica contagiosa de su espíritu, siempre protegió y a la vez la protegieron. Las tareas domésticas, siempre la mantenían activa e incluso, se daba tiempo, de encontrarse con sus amigas de yoga, tener siempre a punto la comida para su esposo, atender a sus hijos o nietos, en caso de necesidades urgentes o inesperadas, y lo mejor, siempre siendo ella, errada o no en su terquedad por tratar de querer que sus seres queridos y amigos, naveguen por aguas felices, iluminadas por el lucero de su amor.
El show, se aproxima al final, los colchones de sintetizadores y teclados, buscan un cierto clima agnóstico industrial, y con el correr de los minutos, Floxon, empieza a cantar un cover de Los Ratones Paranoicos: “Vicio”. La letra y el tema es clave, para entender la mítica actual de la banda. Buscando en una letra directa y descarnadamente auténtica y mixturizándolos con esos sonidos densos de los teclados, Travesti pareciera unir la naturalidad de un fiambrero del conurbano, con la indulgencia y el panorama musical de Jim and William Reid (líderes de Jesús and Mary Chains), y en la experiencia, caer totalmente bien parado, frente a propios y extraños, uniendo un universo sonoro inimaginado y a la vez soñado. Un día cualquiera, ella se había enamorado, un día cualquiera supo que iba a tener hijos, un día cualquiera se enteró asombrada que iba a ser abuela, un día cualquiera repentinamente comenzó a sentir un agudo dolor en su cabeza. Ella preparaba la comida, mientras conversaban su esposo, hijos y nietos, sabía que algo no andaba bien, solo atinó a un pequeño saludo final, casi irónico: “Me duele la cabeza”-dijo, y cayó desmayada, mientras miraba de reojo a todos, antes del fulminante derrame. En esas últimas imágenes, pasaban todas las personas, que había conocido y a su manera apreciado, desde el que le vendía escobas, hasta sus compañeras coquetas de yoga, hijos, nietos, pasando como última instantánea en su retina, la cara asombrada del amor de su vida. Ella había construido, sin saber tocar una sola cuerda o tecla de algún instrumento, una música deífica e indestructible, uniendo a través de esta, la compasión, la alegría y el amor, y transformando a éstos en un legado infinito y próspero por los siglos de los siglos.

Dedicada a mi Abuela.

Bernardo Damián Dimanmenendez