martes, 17 de junio de 2008

Carne 1-Rock 0


En estos tiempos de puro “fashionismo”, dónde la moda parece enmarcar a gran parte del rock, se demostró que la voz apasionada de este, pierde hidalguía, garra y corazón, cuando se pone cerca del simbolismo estéril y frívolo del “arte de la elegancia”.

Yves Saint Laurent, cuando acercó a la moda al mundo del rock, a través de su estilo Mondrian, mixturizando diseños psicodélicos y andróginos, con la estética y el ideario que se mamaba por esos tiempos en la música, aclaró algo fundamental, para evitar reclamos a posteriori: “La moda no es arte, pero para realizarla hay que ser artista”.
Originalmente la moda iba de la mano de la vanguardia que se daba en otras disciplinas, como el rock, el cine, y otras más. No obstante el flujo dinámico que fue adoptando el capital financiero, hizo que la escisión sea cuestión de tiempo, y el valor de novedad de la moda que se dio a través de diseñadores de vanguardia en los 60’, rápidamente pasó a ejercicios de burda mercadotecnia, con la única excusa de que para exhibir ropa, siempre esta debe ir acompañada de “carne de fino corte”.
El rock, por su parte cada vez más acéfalo en ideas, inició una retirada en su rol práctica contracultural, para finalmente terminar flagelado por matices estéticos que poco aportan, como si fuera una pieza del domino maquiavélico que el corporativismo impone.
Así llegamos hoy al presente, en dónde la real pulsión que conmueve masas, viene de las “femmes” estilizadas y elegantes o el “Polstergeist de la silicona”, en lugar de la vibra de cuerdas, teclados o baterías.
El Buenos Aires Fashion, fue una fidedigna muestra de lo que pasa hoy en día, y eso se noto plenamente y a simple vista, tanto en las performances de Michael Mike y DDT.
Ubicados en dos containers superpuestos, los Michael apenas eran visibles, teniendo que hacer malabares para que el sonido no sea solo escuchado, por las palomas que volaban por encima del techo de la Rural. Pese a esto, sonaron correctos destacando “Gente Preciosa”, “Rojo + Que Negro” y “Charly Border”.
Su música que en otras presentaciones, parecía ser el mandamás de los movimientos corporales y oculares de la gente que los escuchaba, esta vez, pareció estar perdida entre el infinito de fatídicas piernas largas y sobrios portes, que en masivo número concurrieron al Buenos Aires Fashion.
Así en la primera propuesta, la batalla de querer mezclar al rock en un evento de moda terminó siendo rotundamente ganada por esta última.
Relegados los Michael a un lugar de decorado, no pudieron desplegar su acostumbrado hedonismo escénico. La música pareció solo una excusa para los encargados de la organización,“guiño de judas” mediante, ya que en lugar de abrirles las puertas al rock, parecieron ofrecer una salidera de perro o gato.
Más tarde, llegó el turno de los DDT. En este caso se trato de un set de rock, en donde a través de las bases grabadas, el dueto compuesto esta vez por Sharly en voz y guitarra y Mauro Riccieri en batería, musicalizaban versiones más laxas, adaptándose a la dinámica de un desfile de pasarela.
Así pasaron entre otros “Weekend”, “Esterlina”, “Flamboyat High School”, , entre otros. Así, toda la filosofía “aristovilla”, que emano Sharly en los 90’, y luego readapto en lo que va de la presente década, evidenció de que más allá de la buena idea, de musicalizar con rock en vivo y en directo un desfile, a la hora de exponer su catarsis incendiaria, solo se otorgaron chispazos.
Readaptación de las letras y versiones cantadas a medias, su lenguaje pareció aséptico por momentos, más allá de que “salvaguarde” a las coquetas doñas Rosas, de la posible incontinencia verbal.
En suma, algo claro quedo después de todo: Si bien la moda no es arte, se jacta de exponer su discurso posmoderno de manera plena y autárquica, de hecho, su práctica es la actividad que más dinero mueve en el mundo, exceptuando el mercado de los petroleros.
La música, vociferando que era arte pura y hormonal, esta llegando a un punto en el cuál, sino se arriesga a un ridículo valeroso de tomar el toro por las astas, hará con el correr de los años más valuable a los sonidos de “ringtones”, que a las otroras guitarras eléctricas que la decoraron durante años. O sino, pregúntense hoy en día.
¿Quién genera más cosas en el imaginario de la gente, Nicole Neuman mostrándose desnuda por el Obelisco, o cualquier trovador que se jacte de ser músico, pero que en el fondo solo intenta conmoverse a sí mismo, escatimando la verdad práctica y valiente filosofía en algún momento implicó hacer rock?

Bernardo Damián Dimanmenendez

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